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  • 10 Feb 2021
    Para el año 2010 ya se había establecido que el Trastorno Depresivo Mayor (TDM) afectaba 298 millones de personas1 (actualmente la Organización Mundial de la salud estima que son 350 millones2), siendo considerada una de las 20 enfermedades mentales más importantes, con una prevalencia global que alcanzaba 4.4% (5.5% en mujeres, 3.2% en hombres), siendo la población más afligida aquella que se ubica entre los 25 y 34 años de edad, permaneciendo consistentemente entre las tres primeras causas de años perdidos por discapacidad y años perdidos por mortalidad prematura desde hace ya más de 20 años1, proyectada para ser la primera en 20303.   El amplio rango de síntomas (afectivos, cognitivos, vegetativos, conductuales), así como la etiología multifactorial y la heredabilidad, la convierten en un reto cada vez más complejo para el clínico, y cuando se suman las comorbilidades (especialmente relacionadas al consumo de sustancias y trastornos de la personalidad), progresa hacia un fenómeno de mucha mayor carga, como es el de la Depresión Resistente al Tratamiento (DRT)3,4.   A pesar de las actuales inconsistencias en la definición de DRT, ha podido establecerse que su presencia tiene un impacto negativo en los costos directos e indirectos de la carga económica de la enfermedad, estando muy estrechamente relacionado con la reducción en la calidad de vida y calidad de la salud (tanto física como mental) de los pacientes, desenlace que impacta a su vez tanto en la severidad como en la duración del episodio depresivo5, cerrando un círculo vicioso que, al perpetuarse, modifica la respuesta al estrés a causa de los profundos cambios neurobiológicos que acompañan al TDM (alteraciones del volumen cerebral regional -hipocampo-, cambios funcionales de circuitos cerebrales –red de control cognitivo-, alteraciones de sistema inmune y del eje hipotálamo-hipófisis adrenal)4.   La aparición de los antidepresivos, aunque fortuita, no solamente suscitó la posibilidad de ofrecer una alternativa de tratamiento a los pacientes, también ha develado muchos de los misterios que aún se ciernen sobre los mecanismos fisiopatológicos que subyacen a un episodio depresivo; así mismo, también ha facilitado comprender la fenomenología de su presentación, al punto en que podemos hablar de la variabilidad de su espectro sintomático, con los síntomas cognitivos como uno de los grupos que más frecuentemente se exhiben como residuales (persistentes a pesar de la mejoría afectiva), evitando la recuperación funcional, por lo que recientemente los protocolos de manejo se enfocan cada vez en su intervención temprana6, no solo con la intención de mejorar el curso y pronóstico, sino también evitando que se incremente la carga global de la enfermedad con su evolución a DRT.   A causa de esto, los tratamientos actuales se enfocan en tener efectos que van más allá de una mejoría en el estado de ánimo, y la investigación ha permitido encontrar, además de los fármacos multimodales, efectos pro-cognitivos de medicamentos ya conocidos, como por ejemplo la Fluvoxamina7, los cuales se explican en los modelos experimentales (estudios en animales) en los que se demuestra su impacto sobre la proteína beta-amiloide, lo que incluso podría posicionarla como una alternativa para el tratamiento del paciente con Enfermedad de Alzheimer8.   Los fenómenos multidimensionales de la depresión necesitan seguir siendo materia de investigación, pues su impacto en la salud mental de los enfermos y su red de apoyo, sigue mostrándose como una problemática compleja que afecta al individuo aun en ausencia de síntomas emocionales.   Referencias Ferrari AJ, Charlson FJ, Norman RE, Flaxman AD, Patten SB, Vos T, Whiteford HA. The epidemiological modelling of major depressive disorder: application for the Global Burden of Disease Study 2010. PLoS One. 2013 Jul 29;8(7):e69637. doi: 10.1371/journal.pone.0069637. PMID: 23922765; PMCID: PMC3726670. https://www.who.int/mediacentre/news/notes/2012/mental_health_day_20121009/es/ Malhi GS, Mann JJ. Depression. Lancet. 2018 Nov 24;392(10161):2299-2312. doi: 10.1016/S0140-6736(18)31948-2. Epub 2018 Nov 2. PMID: 30396512. Otte C, Gold SM, Penninx BW, Pariante CM, Etkin A, Fava M, Mohr DC, Schatzberg AF. Major depressive disorder. Nat Rev Dis Primers. 2016 Sep 15;2:16065. doi: 10.1038/nrdp.2016.65. PMID: 27629598. Johnston KM, Powell LC, Anderson IM, Szabo S, Cline S. The burden of treatment-resistant depression: A systematic review of the economic and quality of life literature. J Affect Disord. 2019 Jan 1;242:195-210. doi: 10.1016/j.jad.2018.06.045. Epub 2018 Jun 27. PMID: 30195173. Xiao L, Feng L, Zhu XQ, Feng Y, Wu WY, Ungvari GS, Ng CH, Xiang YT, Wang G. Comparison of residual depressive symptoms and functional impairment between fully and partially remitted patients with major depressive disorder: a multicenter study. Psychiatry Res. 2018 Mar;261:547-553. doi: 10.1016/j.psychres.2018.01.020. Epub 2018 Jan 10. PMID: 29407721. Bobrov AE, Krasnoslobodtseva LA, Mutnykh EM. Prokognitivnye éffekty fluvoksamina (predvaritel'nye dannye) [Procognitive effects of fluvoxamine: preliminary data]. Zh Nevrol Psikhiatr Im S S Korsakova. 2018;118(6):43-49. Russian. doi: 10.17116/jnevro20181186143. PMID: 30040800.       8.Kim WS, Fu Y, Dobson-Stone C, Hsiao JT, Shang K, Hallupp M, Schofield PR, Garner B, Karl T, Kwok JBJ. Effect of Fluvoxamine on Amyloid-β Peptide Generation and Memory.                           J Alzheimers Dis. 2018;62(4):1777-1787. doi: 10.3233/JAD-171001. PMID: 29614681.
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  • Para el año 2010 ya se había establecido que el Trastorno Depresivo Mayor (TDM) afectaba 298 millones de personas1 (actualmente la Organización Mundial de la salud estima que son 350 millones2), siendo considerada una de las 20 enfermedades mentales más importantes, con una prevalencia global que alcanzaba 4.4% (5.5% en mujeres, 3.2% en hombres), siendo la población más afligida aquella que se ubica entre los 25 y 34 años de edad, permaneciendo consistentemente entre las tres primeras causas de años perdidos por discapacidad y años perdidos por mortalidad prematura desde hace ya más de 20 años1, proyectada para ser la primera en 20303.   El amplio rango de síntomas (afectivos, cognitivos, vegetativos, conductuales), así como la etiología multifactorial y la heredabilidad, la convierten en un reto cada vez más complejo para el clínico, y cuando se suman las comorbilidades (especialmente relacionadas al consumo de sustancias y trastornos de la personalidad), progresa hacia un fenómeno de mucha mayor carga, como es el de la Depresión Resistente al Tratamiento (DRT)3,4.   A pesar de las actuales inconsistencias en la definición de DRT, ha podido establecerse que su presencia tiene un impacto negativo en los costos directos e indirectos de la carga económica de la enfermedad, estando muy estrechamente relacionado con la reducción en la calidad de vida y calidad de la salud (tanto física como mental) de los pacientes, desenlace que impacta a su vez tanto en la severidad como en la duración del episodio depresivo5, cerrando un círculo vicioso que, al perpetuarse, modifica la respuesta al estrés a causa de los profundos cambios neurobiológicos que acompañan al TDM (alteraciones del volumen cerebral regional -hipocampo-, cambios funcionales de circuitos cerebrales –red de control cognitivo-, alteraciones de sistema inmune y del eje hipotálamo-hipófisis adrenal)4.   La aparición de los antidepresivos, aunque fortuita, no solamente suscitó la posibilidad de ofrecer una alternativa de tratamiento a los pacientes, también ha develado muchos de los misterios que aún se ciernen sobre los mecanismos fisiopatológicos que subyacen a un episodio depresivo; así mismo, también ha facilitado comprender la fenomenología de su presentación, al punto en que podemos hablar de la variabilidad de su espectro sintomático, con los síntomas cognitivos como uno de los grupos que más frecuentemente se exhiben como residuales (persistentes a pesar de la mejoría afectiva), evitando la recuperación funcional, por lo que recientemente los protocolos de manejo se enfocan cada vez en su intervención temprana6, no solo con la intención de mejorar el curso y pronóstico, sino también evitando que se incremente la carga global de la enfermedad con su evolución a DRT.   A causa de esto, los tratamientos actuales se enfocan en tener efectos que van más allá de una mejoría en el estado de ánimo, y la investigación ha permitido encontrar, además de los fármacos multimodales, efectos pro-cognitivos de medicamentos ya conocidos, como por ejemplo la Fluvoxamina7, los cuales se explican en los modelos experimentales (estudios en animales) en los que se demuestra su impacto sobre la proteína beta-amiloide, lo que incluso podría posicionarla como una alternativa para el tratamiento del paciente con Enfermedad de Alzheimer8.   Los fenómenos multidimensionales de la depresión necesitan seguir siendo materia de investigación, pues su impacto en la salud mental de los enfermos y su red de apoyo, sigue mostrándose como una problemática compleja que afecta al individuo aun en ausencia de síntomas emocionales.   Referencias Ferrari AJ, Charlson FJ, Norman RE, Flaxman AD, Patten SB, Vos T, Whiteford HA. The epidemiological modelling of major depressive disorder: application for the Global Burden of Disease Study 2010. PLoS One. 2013 Jul 29;8(7):e69637. doi: 10.1371/journal.pone.0069637. PMID: 23922765; PMCID: PMC3726670. https://www.who.int/mediacentre/news/notes/2012/mental_health_day_20121009/es/ Malhi GS, Mann JJ. Depression. Lancet. 2018 Nov 24;392(10161):2299-2312. doi: 10.1016/S0140-6736(18)31948-2. Epub 2018 Nov 2. PMID: 30396512. Otte C, Gold SM, Penninx BW, Pariante CM, Etkin A, Fava M, Mohr DC, Schatzberg AF. Major depressive disorder. Nat Rev Dis Primers. 2016 Sep 15;2:16065. doi: 10.1038/nrdp.2016.65. PMID: 27629598. Johnston KM, Powell LC, Anderson IM, Szabo S, Cline S. The burden of treatment-resistant depression: A systematic review of the economic and quality of life literature. J Affect Disord. 2019 Jan 1;242:195-210. doi: 10.1016/j.jad.2018.06.045. Epub 2018 Jun 27. PMID: 30195173. Xiao L, Feng L, Zhu XQ, Feng Y, Wu WY, Ungvari GS, Ng CH, Xiang YT, Wang G. Comparison of residual depressive symptoms and functional impairment between fully and partially remitted patients with major depressive disorder: a multicenter study. Psychiatry Res. 2018 Mar;261:547-553. doi: 10.1016/j.psychres.2018.01.020. Epub 2018 Jan 10. PMID: 29407721. Bobrov AE, Krasnoslobodtseva LA, Mutnykh EM. Prokognitivnye éffekty fluvoksamina (predvaritel'nye dannye) [Procognitive effects of fluvoxamine: preliminary data]. Zh Nevrol Psikhiatr Im S S Korsakova. 2018;118(6):43-49. Russian. doi: 10.17116/jnevro20181186143. PMID: 30040800.       8.Kim WS, Fu Y, Dobson-Stone C, Hsiao JT, Shang K, Hallupp M, Schofield PR, Garner B, Karl T, Kwok JBJ. Effect of Fluvoxamine on Amyloid-β Peptide Generation and Memory.                           J Alzheimers Dis. 2018;62(4):1777-1787. doi: 10.3233/JAD-171001. PMID: 29614681.
    Feb 10, 2021 137
  • 14 Jan 2021
    Se ha considerado a la interrupción del sueño como un factor causal/exacerbante que contribuye a la aparición de los principales tipos de trastornos de salud mental, dado que el insomnio y otras condiciones psiquiátricas no solo comparten causas comunes, sino que también muestran una relación bidireccional, con lo que es válido (e incluso responsable) asumir queel tratamiento del insomnio aliviará, al menos en parte, problemas primarios de salud mental. A través del uso de herramientas estandarizadas, se ha podido establecer que la prevalencia de este problema entre los pacientes psiquiátricos hospitalizados es elevada (53 a 79.4%), ubicando la ideación suicida, el uso de tabaco y de drogas recreativas en el último mes, como los mayores predictores de su severidad; así mismo, la queja más frecuente suele ser la conciliación y mantenimiento del sueño, explicado por el cambio de ambiente, la ansiedad (por la propia estancia, la experiencias de aislamiento, incertidumbre por su condición y el tratamiento, entre muchos otros factores) y los ajustes inherentes a una hospitalización. Dada la rapidez de su efecto, así como la posibilidad de vigilancia estrecha durante la estancia hospitalaria, las benzodiacepinas son usadas con frecuencia para paliar esta queja entre aquellos pacientes que requieren de manejo institucional, mejorando incluso la presencia de angustia o agitación/inquietud psicomotriz. Estas han demostrado un nivel de seguridad que, en el tratamiento a corto plazo y con supervisión apropiada de la dosis, suele ser superior al del uso de antipsicóticos. El Midazolam se han posicionado como uno de los medicamentos de elección en este escenario, con un amplio respaldo a través de su uso en cuidados paliativos, experiencia de la que se conoce un muy rápido efecto de acción vía oral, intravenoso o intramuscular, con el alivio de síntomas somáticos, episodios epilépticos (siendo el de primera elección para muchos especialistas), efectos que van más allá del beneficio sedativo (superior al de la melatonina), gracias al que se puede realizar una pronta intervención de la interrupción del sueño en el caso del paciente psiquiátrico hospitalizado, dentro o fuera de una unidad especializada en salud mental. El tratamiento sintomático oportuno del insomnio ofrece la posibilidad de efectuar una mejor evaluación del enfermo, así como facilitarle los días de hospitalización, mientras se consigue establecer y corregir la causa subyacente, contribuyendo a su vez a la mejoría de la condición que suscita el manejo institucional.   Referencias Freeman D, Sheaves B, Waite F, Harvey AG, Harrison PJ. Sleep disturbance and psychiatric disorders. Lancet Psychiatry. 2020 Jul;7(7):628-637. doi: 10.1016/S2215-0366(20)30136-X. PMID: 32563308.   Doghramji K, Tanielian M, Certa K, Zhan T. Severity, Prevalence, Predictors, and Rate of Identification of Insomnia Symptoms in a Sample of Hospitalized Psychiatric Patients. J Nerv Ment Dis. 2018 Oct;206(10):765-769. doi: 10.1097/NMD.0000000000000888. PMID: 30273272.   Antomás Osés J, Gárriz Murillo C, Huarte del Barrio S, Cambra K, Ibáñez B. Insomnio en pacientes que ingresan en unidades de hospitalización psiquiátricas [Insomnia in patients admitted to psychiatric hospital departments]. An Sist Sanit Navar. 2016 Dec 30;39(3):399-404. Spanish. doi: 10.23938/ASSN.0241. PMID: 28032875.   Zaporowska-Stachowiak I, Szymański K, Oduah MT, Stachowiak-Szymczak K, Łuczak J, Sopata M. Midazolam: Safety of use in palliative care: A systematic critical review. Biomed Pharmacother. 2019 Jun;114:108838. doi: 10.1016/j.biopha.2019.108838. Epub 2019 Apr 10. PMID: 30981104.   Ansari G, Fathi M, Ghajari MF, Bargrizan M, Eghbali A. Oral Melatonin Versus Midazolam as Premedication for Intravenous Sedation in Pediatric Dental Patients. J Dent (Tehran). 2018 Sep;15(5):317-324. PMID: 30833978; PMCID: PMC6397733.
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  • Se ha considerado a la interrupción del sueño como un factor causal/exacerbante que contribuye a la aparición de los principales tipos de trastornos de salud mental, dado que el insomnio y otras condiciones psiquiátricas no solo comparten causas comunes, sino que también muestran una relación bidireccional, con lo que es válido (e incluso responsable) asumir queel tratamiento del insomnio aliviará, al menos en parte, problemas primarios de salud mental. A través del uso de herramientas estandarizadas, se ha podido establecer que la prevalencia de este problema entre los pacientes psiquiátricos hospitalizados es elevada (53 a 79.4%), ubicando la ideación suicida, el uso de tabaco y de drogas recreativas en el último mes, como los mayores predictores de su severidad; así mismo, la queja más frecuente suele ser la conciliación y mantenimiento del sueño, explicado por el cambio de ambiente, la ansiedad (por la propia estancia, la experiencias de aislamiento, incertidumbre por su condición y el tratamiento, entre muchos otros factores) y los ajustes inherentes a una hospitalización. Dada la rapidez de su efecto, así como la posibilidad de vigilancia estrecha durante la estancia hospitalaria, las benzodiacepinas son usadas con frecuencia para paliar esta queja entre aquellos pacientes que requieren de manejo institucional, mejorando incluso la presencia de angustia o agitación/inquietud psicomotriz. Estas han demostrado un nivel de seguridad que, en el tratamiento a corto plazo y con supervisión apropiada de la dosis, suele ser superior al del uso de antipsicóticos. El Midazolam se han posicionado como uno de los medicamentos de elección en este escenario, con un amplio respaldo a través de su uso en cuidados paliativos, experiencia de la que se conoce un muy rápido efecto de acción vía oral, intravenoso o intramuscular, con el alivio de síntomas somáticos, episodios epilépticos (siendo el de primera elección para muchos especialistas), efectos que van más allá del beneficio sedativo (superior al de la melatonina), gracias al que se puede realizar una pronta intervención de la interrupción del sueño en el caso del paciente psiquiátrico hospitalizado, dentro o fuera de una unidad especializada en salud mental. El tratamiento sintomático oportuno del insomnio ofrece la posibilidad de efectuar una mejor evaluación del enfermo, así como facilitarle los días de hospitalización, mientras se consigue establecer y corregir la causa subyacente, contribuyendo a su vez a la mejoría de la condición que suscita el manejo institucional.   Referencias Freeman D, Sheaves B, Waite F, Harvey AG, Harrison PJ. Sleep disturbance and psychiatric disorders. Lancet Psychiatry. 2020 Jul;7(7):628-637. doi: 10.1016/S2215-0366(20)30136-X. PMID: 32563308.   Doghramji K, Tanielian M, Certa K, Zhan T. Severity, Prevalence, Predictors, and Rate of Identification of Insomnia Symptoms in a Sample of Hospitalized Psychiatric Patients. J Nerv Ment Dis. 2018 Oct;206(10):765-769. doi: 10.1097/NMD.0000000000000888. PMID: 30273272.   Antomás Osés J, Gárriz Murillo C, Huarte del Barrio S, Cambra K, Ibáñez B. Insomnio en pacientes que ingresan en unidades de hospitalización psiquiátricas [Insomnia in patients admitted to psychiatric hospital departments]. An Sist Sanit Navar. 2016 Dec 30;39(3):399-404. Spanish. doi: 10.23938/ASSN.0241. PMID: 28032875.   Zaporowska-Stachowiak I, Szymański K, Oduah MT, Stachowiak-Szymczak K, Łuczak J, Sopata M. Midazolam: Safety of use in palliative care: A systematic critical review. Biomed Pharmacother. 2019 Jun;114:108838. doi: 10.1016/j.biopha.2019.108838. Epub 2019 Apr 10. PMID: 30981104.   Ansari G, Fathi M, Ghajari MF, Bargrizan M, Eghbali A. Oral Melatonin Versus Midazolam as Premedication for Intravenous Sedation in Pediatric Dental Patients. J Dent (Tehran). 2018 Sep;15(5):317-324. PMID: 30833978; PMCID: PMC6397733.
    Jan 14, 2021 566
  • 12 Jan 2021
    El estudio citado se propuso: 1) Investigar si la predisposición genética al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), indexada por puntuaciones de riesgo poligénico para TDAH (PRP-TDAH), está asociada con trastornos por uso de sustancias (TUS) en personas con TDAH. 2) Investigar si otros factores de riesgo de TUS relacionados con el individuo o la familia podrían mediar o confundir esta asociación. Para ello, se diseñó un estudio de cohorte de base poblacional, tomando los casos de TDAH de la muestra iPSYCH (una cohorte danesa de casos genotipados con trastornos mentales específicos), nacidos en Dinamarca entre 1981 y 2003 (N = 13 116).   La información basada en registros sobre diagnósticos hospitalarios de TUS estuvo disponible hasta el 31 de diciembre de 2016. Los investigadores estimaron los odds ratios (OR) con intervalos de confianza (IC) del 95% para cualquier TUS, así como para diferentes tipos de TUS (alcohol, cannabis y otras drogas ilícitas) y gravedad (uso, abuso y adicción), con tamaños del efecto correspondientes a una comparación del decil de la PRP-TDAH más alto con el más bajo.   Hallazgos: La PRP-TDAH se asoció con cualquier TUS (OR = 1,30, IC del 95%: 1,11-1,51). Las estimaciones fueron similares en diferentes tipos y niveles de gravedad de TUS. Otros factores de riesgo de TUS (sexo masculino, edad al momento del diagnóstico de TDAH, problemas de conducta comórbidos y factores de los padres, incluidos TUS, trastornos mentales y estado socioeconómico) se asociaron de forma independiente con un mayor riesgo de TUS.   La PRP-TDAH explicó una proporción menor de la varianza en TUS (0,2% en la escala de responsabilidad) en comparación con los otros factores de riesgo. La asociación entre la PRP-TDAH y cualquier TUS se atenuó ligeramente (OR = 1,21, IC del 95%: 1,03-1,41) después de ajustar por los otros factores de riesgo para TUS. Además, las asociaciones fueron nominalmente más altas en mujeres que en hombres (OR mujeres = 1,59, IC 95%: 1,19-2,12, OR hombres = 1,18, IC 95%: 0,98-1,42).   Conclusiones: Una mayor propensión genética al trastorno por déficit de atención e hiperactividad parece estar asociada con mayores riesgos de trastornos por uso de sustancias en personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.   Wimberley T, Agerbo E, Horsdal HT, Ottosen C, Brikell I, Als TD, Demontis D, Børglum AD, Nordentoft M, Mors O, Werge T, Hougaard D, Bybjerg-Grauholm J, Hansen MB, Mortensen PB, Thapar A, Riglin L, Langley K, Dalsgaard S. 2020 Jul;115(7):1368-1377. doi: 10.1111/add.14910. Epub 2020 Jan 8. PMID: 31803957. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/add.14910
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  • El estudio citado se propuso: 1) Investigar si la predisposición genética al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), indexada por puntuaciones de riesgo poligénico para TDAH (PRP-TDAH), está asociada con trastornos por uso de sustancias (TUS) en personas con TDAH. 2) Investigar si otros factores de riesgo de TUS relacionados con el individuo o la familia podrían mediar o confundir esta asociación. Para ello, se diseñó un estudio de cohorte de base poblacional, tomando los casos de TDAH de la muestra iPSYCH (una cohorte danesa de casos genotipados con trastornos mentales específicos), nacidos en Dinamarca entre 1981 y 2003 (N = 13 116).   La información basada en registros sobre diagnósticos hospitalarios de TUS estuvo disponible hasta el 31 de diciembre de 2016. Los investigadores estimaron los odds ratios (OR) con intervalos de confianza (IC) del 95% para cualquier TUS, así como para diferentes tipos de TUS (alcohol, cannabis y otras drogas ilícitas) y gravedad (uso, abuso y adicción), con tamaños del efecto correspondientes a una comparación del decil de la PRP-TDAH más alto con el más bajo.   Hallazgos: La PRP-TDAH se asoció con cualquier TUS (OR = 1,30, IC del 95%: 1,11-1,51). Las estimaciones fueron similares en diferentes tipos y niveles de gravedad de TUS. Otros factores de riesgo de TUS (sexo masculino, edad al momento del diagnóstico de TDAH, problemas de conducta comórbidos y factores de los padres, incluidos TUS, trastornos mentales y estado socioeconómico) se asociaron de forma independiente con un mayor riesgo de TUS.   La PRP-TDAH explicó una proporción menor de la varianza en TUS (0,2% en la escala de responsabilidad) en comparación con los otros factores de riesgo. La asociación entre la PRP-TDAH y cualquier TUS se atenuó ligeramente (OR = 1,21, IC del 95%: 1,03-1,41) después de ajustar por los otros factores de riesgo para TUS. Además, las asociaciones fueron nominalmente más altas en mujeres que en hombres (OR mujeres = 1,59, IC 95%: 1,19-2,12, OR hombres = 1,18, IC 95%: 0,98-1,42).   Conclusiones: Una mayor propensión genética al trastorno por déficit de atención e hiperactividad parece estar asociada con mayores riesgos de trastornos por uso de sustancias en personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.   Wimberley T, Agerbo E, Horsdal HT, Ottosen C, Brikell I, Als TD, Demontis D, Børglum AD, Nordentoft M, Mors O, Werge T, Hougaard D, Bybjerg-Grauholm J, Hansen MB, Mortensen PB, Thapar A, Riglin L, Langley K, Dalsgaard S. 2020 Jul;115(7):1368-1377. doi: 10.1111/add.14910. Epub 2020 Jan 8. PMID: 31803957. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/add.14910
    Jan 12, 2021 643
  • 08 Jan 2021
    Las experiencias adversas de la infancia están relacionadas con el desarrollo de una serie de enfermedades psiquiátricas en la edad adulta. El estudio citado examinó el patrón de experiencias adversas en la niñez y su relación con la edad de aparición de enfermedades psiquiátricas importantes en individuos de familias que tenían más de dos parientes de primer grado con enfermedades psiquiátricas importantes, identificadas como parte de un estudio longitudinal en curso. La muestra estuvo conformada por 509 individuos de 215 familias. De estos, 268 estaban afectados, es decir, diagnosticados con trastorno bipolar (n = 61), trastorno obsesivo compulsivo (n = 58), esquizofrenia (n = 52), dependencia de sustancias (n = 59) o diagnósticos concurrentes (n = 38), mientras que 241 eran familiares de primer grado en riesgo que no estaban afectados (n = 210) o tenían otros trastornos depresivos o de ansiedad (n = 31). Todos los individuos fueron evaluados utilizando el Cuestionario Internacional de Experiencias Adversas en la Infancia y se calcularon las puntuaciones totales de exposición y gravedad de las experiencias adversas en la niñez.   Resultados: Se observó que los varones afectados, como grupo, tenían las mayores puntuaciones de exposición y gravedad a las experiencias adversas en la infancia en esta muestra. Un modelo de efectos mixtos de Cox ajustado por género reveló que una puntuación total más alta de gravedad de experiencias adversas en la infancia se asoció con un riesgo significativamente mayor de una edad más temprana de aparición de diagnósticos psiquiátricos en hombres. Un modelo similar, que evaluó la interacción del diagnóstico, reveló una edad más temprana de aparición en el trastorno obsesivo compulsivo y la dependencia de sustancias, pero no en la esquizofrenia y el trastorno bipolar.   Conclusión: Este estudio indica que las experiencias adversas de la niñez se asociaron con una aparición más temprana de afecciones psiquiátricas importantes en hombres e individuos diagnosticados con trastorno obsesivo compulsivo y dependencia de sustancias. Se espera que las evaluaciones longitudinales en curso en familiares de primer grado identifiquen los mecanismos subyacentes a esta relación.   Someshwar A, Holla B, Pansari Agarwal P, Thomas A, Jose A, Joseph B, Raju B, Karle H, Muthukumaran M, Kodancha PG, Kumar P, Reddy PV, Kumar Nadella R, Naik ST, Mitra S, Mallappagiri S, Sreeraj VS, Balachander S, Ganesh S, Murthy P, Benegal V, Reddy JY, Jain S, Mahadevan J, Viswanath B; ADBS Consortium. Aust N Z J Psychiatry. 2020 Nov;54(11):1086-1094. doi: 10.1177/0004867420931157. Epub 2020 Jun 15. PMID: 32538179. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0004867420931157?url_ver=Z39.88-2003&rfr_id=ori:rid:crossref.org&rfr_dat=cr_pub%20%200pubmed
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  • Las experiencias adversas de la infancia están relacionadas con el desarrollo de una serie de enfermedades psiquiátricas en la edad adulta. El estudio citado examinó el patrón de experiencias adversas en la niñez y su relación con la edad de aparición de enfermedades psiquiátricas importantes en individuos de familias que tenían más de dos parientes de primer grado con enfermedades psiquiátricas importantes, identificadas como parte de un estudio longitudinal en curso. La muestra estuvo conformada por 509 individuos de 215 familias. De estos, 268 estaban afectados, es decir, diagnosticados con trastorno bipolar (n = 61), trastorno obsesivo compulsivo (n = 58), esquizofrenia (n = 52), dependencia de sustancias (n = 59) o diagnósticos concurrentes (n = 38), mientras que 241 eran familiares de primer grado en riesgo que no estaban afectados (n = 210) o tenían otros trastornos depresivos o de ansiedad (n = 31). Todos los individuos fueron evaluados utilizando el Cuestionario Internacional de Experiencias Adversas en la Infancia y se calcularon las puntuaciones totales de exposición y gravedad de las experiencias adversas en la niñez.   Resultados: Se observó que los varones afectados, como grupo, tenían las mayores puntuaciones de exposición y gravedad a las experiencias adversas en la infancia en esta muestra. Un modelo de efectos mixtos de Cox ajustado por género reveló que una puntuación total más alta de gravedad de experiencias adversas en la infancia se asoció con un riesgo significativamente mayor de una edad más temprana de aparición de diagnósticos psiquiátricos en hombres. Un modelo similar, que evaluó la interacción del diagnóstico, reveló una edad más temprana de aparición en el trastorno obsesivo compulsivo y la dependencia de sustancias, pero no en la esquizofrenia y el trastorno bipolar.   Conclusión: Este estudio indica que las experiencias adversas de la niñez se asociaron con una aparición más temprana de afecciones psiquiátricas importantes en hombres e individuos diagnosticados con trastorno obsesivo compulsivo y dependencia de sustancias. Se espera que las evaluaciones longitudinales en curso en familiares de primer grado identifiquen los mecanismos subyacentes a esta relación.   Someshwar A, Holla B, Pansari Agarwal P, Thomas A, Jose A, Joseph B, Raju B, Karle H, Muthukumaran M, Kodancha PG, Kumar P, Reddy PV, Kumar Nadella R, Naik ST, Mitra S, Mallappagiri S, Sreeraj VS, Balachander S, Ganesh S, Murthy P, Benegal V, Reddy JY, Jain S, Mahadevan J, Viswanath B; ADBS Consortium. Aust N Z J Psychiatry. 2020 Nov;54(11):1086-1094. doi: 10.1177/0004867420931157. Epub 2020 Jun 15. PMID: 32538179. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0004867420931157?url_ver=Z39.88-2003&rfr_id=ori:rid:crossref.org&rfr_dat=cr_pub%20%200pubmed
    Jan 08, 2021 1399
  • 29 Dec 2020
    Los trastornos del sueño son frecuentes en el embarazo y pueden empeorar o presentarse de novo en el curso de la gestación. El manejo de una paciente embarazada se complica por el riesgo de teratogenicidad, cambios farmacocinéticos y la naturaleza dinámica del estado gestante. Aunque las intervenciones no farmacológicas son probablemente las más seguras, a menudo son ineficaces y la paciente se enfrenta a las frustraciones de la alteración del sueño, así como a los resultados negativos de la falta de sueño durante la gestación.   Al igual que con cualquier otra afección en el embarazo, el manejo requiere una comprensión de la fisiología del mismo, conocimiento del impacto de una afección determinada en el embarazo o los resultados fetales y neonatales, y la capacidad de sopesar el riesgo de exposición a una afección no tratada o mal tratada, contra el riesgo de un determinado medicamento. En asociación con la paciente o la pareja embarazada, las opciones de terapia deben revisarse en el contexto del impacto de la afección en los resultados de la gestación y la descendencia, al tiempo que se comprende que faltan datos (positivos o negativos) sobre el impacto de la terapia en los resultados perinatales.   El artículo citado revisa la epidemiología de los trastornos del sueño durante el embarazo, los principios generales de prescripción durante el embarazo y la lactancia, y la seguridad en torno a las opciones terapéuticas.   Miller MA, Mehta N, Clark-Bilodeau C, Bourjeily G. Chest. 2020 Jan;157(1):184-197. doi: 10.1016/j.chest.2019.09.026. Epub 2019 Oct 14. PMID: 31622589; PMCID: PMC6965691. https://journal.chestnet.org/article/S0012-3692(19)34008-5/fulltext
    289 Posted by APM NET .
  • Los trastornos del sueño son frecuentes en el embarazo y pueden empeorar o presentarse de novo en el curso de la gestación. El manejo de una paciente embarazada se complica por el riesgo de teratogenicidad, cambios farmacocinéticos y la naturaleza dinámica del estado gestante. Aunque las intervenciones no farmacológicas son probablemente las más seguras, a menudo son ineficaces y la paciente se enfrenta a las frustraciones de la alteración del sueño, así como a los resultados negativos de la falta de sueño durante la gestación.   Al igual que con cualquier otra afección en el embarazo, el manejo requiere una comprensión de la fisiología del mismo, conocimiento del impacto de una afección determinada en el embarazo o los resultados fetales y neonatales, y la capacidad de sopesar el riesgo de exposición a una afección no tratada o mal tratada, contra el riesgo de un determinado medicamento. En asociación con la paciente o la pareja embarazada, las opciones de terapia deben revisarse en el contexto del impacto de la afección en los resultados de la gestación y la descendencia, al tiempo que se comprende que faltan datos (positivos o negativos) sobre el impacto de la terapia en los resultados perinatales.   El artículo citado revisa la epidemiología de los trastornos del sueño durante el embarazo, los principios generales de prescripción durante el embarazo y la lactancia, y la seguridad en torno a las opciones terapéuticas.   Miller MA, Mehta N, Clark-Bilodeau C, Bourjeily G. Chest. 2020 Jan;157(1):184-197. doi: 10.1016/j.chest.2019.09.026. Epub 2019 Oct 14. PMID: 31622589; PMCID: PMC6965691. https://journal.chestnet.org/article/S0012-3692(19)34008-5/fulltext
    Dec 29, 2020 289
  • 22 Dec 2020
    Los trastornos por consumo de cannabis y otras sustancias tienen una alta co-ocurrencia en los pacientes con esquizofrenia y empeoran el pronóstico de la enfermedad; por tanto, suspender el consumo de sustancias, o bien, lograr estrategias de reducción de daños, son un objetivo terapéutico primordial en los pacientes con esta patología dual. Dado que el consumo crónico de sustancias está asociado con una reducción de los receptores post-sinápticos de dopamina en el sistema meso-córtico-límbico, junto con una menor sensibilidad a las recompensas naturales, este estado de hipo-dopaminergia, también es inducido por la medicación antipsicótica, lo que evidentemente empeora el pronóstico de la enfermedad, sobre todo en cuanto a la sintomatología negativa.   El craving, o ansiedad subjetiva y deseo intenso de volver a consumir sustancias psicoactivas, se considera una característica clave en los trastornos por consumo de sustancias, que contribuye a su continuación y reincidencia después de períodos de abstinencia. En el caso de los trastornos por consumo de cannabis, el craving se presenta generalmente alrededor de una semana de suspenderse el consumo, según refiere el DSM-5.   La Clozapina se ha propuesto como la medicación antipsicótica de primera elección en el tratamiento de pacientes con esquizofrenia y trastornos comórbidos por consumo de sustancias, al mostrar superioridad frente a otros antipsicóticos respecto a la reducción del craving y en la sintomatología negativa. Este hallazgo se ha corroborado en ensayos clínicos controlados aleatorizados, al mostrarse en RMN funcional, una menor activación cerebral en respuesta a imágenes relacionadas con el cannabis, lo que se correlaciona con menores puntuaciones de craving en los auto-informes de los participantes, y reducción en la sintomatología negativa.     Autores: Dra. Ana de la Fuente Martín, Dr. Rodrigo Marín Navarrete, Dra. Tania Ortega Rosas. Sección Académica de Patología Dual y Trastornos adictivos.   Grau-López L, Szerman N, Torrens M, Basurte I, Vega P, Martínez-Raga J, Casas M, Roncero C. Professional perception of clozapine use in patients with dual psychosis. Actas Esp Psiquiatr. 2020 May;48(3):99-105. Epub 2020 May 1. PMID: 32905602. https://www.actaspsiquiatria.es/repositorio/22/125/ENG/22-125-ENG-99-105-687382.pdf
    551 Posted by APM NET .
  • Los trastornos por consumo de cannabis y otras sustancias tienen una alta co-ocurrencia en los pacientes con esquizofrenia y empeoran el pronóstico de la enfermedad; por tanto, suspender el consumo de sustancias, o bien, lograr estrategias de reducción de daños, son un objetivo terapéutico primordial en los pacientes con esta patología dual. Dado que el consumo crónico de sustancias está asociado con una reducción de los receptores post-sinápticos de dopamina en el sistema meso-córtico-límbico, junto con una menor sensibilidad a las recompensas naturales, este estado de hipo-dopaminergia, también es inducido por la medicación antipsicótica, lo que evidentemente empeora el pronóstico de la enfermedad, sobre todo en cuanto a la sintomatología negativa.   El craving, o ansiedad subjetiva y deseo intenso de volver a consumir sustancias psicoactivas, se considera una característica clave en los trastornos por consumo de sustancias, que contribuye a su continuación y reincidencia después de períodos de abstinencia. En el caso de los trastornos por consumo de cannabis, el craving se presenta generalmente alrededor de una semana de suspenderse el consumo, según refiere el DSM-5.   La Clozapina se ha propuesto como la medicación antipsicótica de primera elección en el tratamiento de pacientes con esquizofrenia y trastornos comórbidos por consumo de sustancias, al mostrar superioridad frente a otros antipsicóticos respecto a la reducción del craving y en la sintomatología negativa. Este hallazgo se ha corroborado en ensayos clínicos controlados aleatorizados, al mostrarse en RMN funcional, una menor activación cerebral en respuesta a imágenes relacionadas con el cannabis, lo que se correlaciona con menores puntuaciones de craving en los auto-informes de los participantes, y reducción en la sintomatología negativa.     Autores: Dra. Ana de la Fuente Martín, Dr. Rodrigo Marín Navarrete, Dra. Tania Ortega Rosas. Sección Académica de Patología Dual y Trastornos adictivos.   Grau-López L, Szerman N, Torrens M, Basurte I, Vega P, Martínez-Raga J, Casas M, Roncero C. Professional perception of clozapine use in patients with dual psychosis. Actas Esp Psiquiatr. 2020 May;48(3):99-105. Epub 2020 May 1. PMID: 32905602. https://www.actaspsiquiatria.es/repositorio/22/125/ENG/22-125-ENG-99-105-687382.pdf
    Dec 22, 2020 551
  • 02 Mar 2018
    Dado que la individualización del tratamiento depende del tipo de síntomas que reporte el paciente (hecho que tendrá un impacto en la efectividad del mismo), se propone una revisión de estos tres nuevos antidepresivos con respecto a su perfil. Vortioxetina, mejorando el tono serotoninérgico, incrementa el funcionamiento cognitivo en TDM, con eficacia en las recurrencias; náusea es su EA más reportado. Levomilnacipram ER, con su mecanismo dual en Serotonina/Norepinefrina, mejora energía y motivación, y la náusea es también su EA más común. Vilazidona tiene un efecto agonista parcial serotoninérgico, por lo que mejora altos niveles de ansiedad; cefalea es su EA más reportado.   Fuente: Roger S McIntyre. Neuropsychiatric Disease and Treatment 2017:13. El rol de los nuevos antidepresivos en la práctica clínica en Canadá: una breve revisión de vortioxetina, levomilnacipram ER y vilazidona. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5716309/
    6718 Posted by APM NET .
  • Dado que la individualización del tratamiento depende del tipo de síntomas que reporte el paciente (hecho que tendrá un impacto en la efectividad del mismo), se propone una revisión de estos tres nuevos antidepresivos con respecto a su perfil. Vortioxetina, mejorando el tono serotoninérgico, incrementa el funcionamiento cognitivo en TDM, con eficacia en las recurrencias; náusea es su EA más reportado. Levomilnacipram ER, con su mecanismo dual en Serotonina/Norepinefrina, mejora energía y motivación, y la náusea es también su EA más común. Vilazidona tiene un efecto agonista parcial serotoninérgico, por lo que mejora altos niveles de ansiedad; cefalea es su EA más reportado.   Fuente: Roger S McIntyre. Neuropsychiatric Disease and Treatment 2017:13. El rol de los nuevos antidepresivos en la práctica clínica en Canadá: una breve revisión de vortioxetina, levomilnacipram ER y vilazidona. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5716309/
    Mar 02, 2018 6718
  • 14 Apr 2018
    El síndrome de Hikikomori, es un término japonés que significa apartarse o estar recluido. Aún no está dentro de la clasificación de los trastornos mentales DSM-V debido a que como síndrome puede englobar otros trastornos como fobia social, trastorno de personalidad por evitación y puede aparecer como síntoma de otros como por ejemplo estados psicóticos de la esquizofrenia. Aún así podemos diferenciarlo de los trastornos antes mencionados, cuando se da un conjunto de aislamiento físico, miedo a las interacciones en persona, ya que sin embargo este fenómeno aún poco estudiado en Occidente, nos aporta nuevos retos al tratamiento. El hikikomori es más común en hombres, en Japón. En México aún no tenemos una estadística específica para este síndrome. Pero la persona que lo padece puede interactuar a través de las redes sociales. Por lo que no es precisamente el miedo a la interacción social lo que caracteriza al hikikomori, sino al estar de frente a un ser humano. El hikikomori puede ser muy social a través de las redes sociales, detrás de la pantalla de una computadora, pero rehuir una plática en persona. Hay diferentes grados de este síndrome, no todos están totalmente en el aislamiento. Habrá hikikomori parciales por así decirlo, o hikikomoris de fines de semana. En el tratamiento hay dos estilos al parecer. El japonés en el que se le trata al hikikomori como si padeciera alguna adicción alguna droga, y se le retira de manera involuntaria del lugar de reclusión para internarlo en alguna clínica de rehabilitación u hospital psiquiátrico. Este sistema de tratamiento recuerda al tratar a la enfermedad con la enfermedad, y no es del todo óptimo, sin embargo en casos severos puede ser la diferencia entre rescatar a una persona, en casos extremos de una muerte, ya que no es extraño los hikikomori puedan padecer otros trastornos psiquiátricos, como la depresión que los pueda llevar a hacerse daño y en casos extremos cometer suicidio. El otro tipo de tratamiento es similar al de las fobias. Intenta de una manera gradual y estructurada, el contacto con el mundo exterior, de manera que la persona no se sienta agredida y pueda cooperar durante el proceso de rehabilitación. Al parecer el estilo del tratamiento depende del caso. Pero aún los tratamientos exprés involuntarios, tendrán que llevar un seguimiento a largo plazo, para poder reintegrar de manera adecuada a la persona. Recordar que el hikikomori puede o no tener trabajo, o haber abandonado los estudios. Por lo que la meta del tratamiento también dependerá de una evaluación minuciosa del caso. La familia juega un papel importante en la rehabilitación y se convierte en el puente de enlace entre el paciente y el terapeuta o los profesionales de la salud mental que intervengan. Se han utilizado variantes de estos tratamientos incluso en algunos, con la ayuda de ex hikikomoris, se puede lograr motivar al paciente a que retome el contacto con el mundo y se rehabilite. Todavía hacen falta estudios que nos aporten datos estadísticos para poder basar los tratamientos en estrategias que se puedan replicar. Mientras no tengamos más investigación, se sugiere trabajar en equipo involucrando a la familia en el tratamiento. La misma tecnología que el hikikomori utiliza para aislarse del mundo, la computadora se puede utilizar como herramienta terapéutica en un principio, por lo que no es necesario suprimir la tecnología, sino utilizarla en favor de la rehabilitación, para que hikikomori se pueda adaptar a un mundo de tecnología sin aislarse ni recluirse.Dr. Eduardo Monteverde MaldonadoPsiquiatraCertificado por el Consejo Mexicanode Psiquiatría, A.C. [email protected]
  • El síndrome de Hikikomori, es un término japonés que significa apartarse o estar recluido. Aún no está dentro de la clasificación de los trastornos mentales DSM-V debido a que como síndrome puede englobar otros trastornos como fobia social, trastorno de personalidad por evitación y puede aparecer como síntoma de otros como por ejemplo estados psicóticos de la esquizofrenia. Aún así podemos diferenciarlo de los trastornos antes mencionados, cuando se da un conjunto de aislamiento físico, miedo a las interacciones en persona, ya que sin embargo este fenómeno aún poco estudiado en Occidente, nos aporta nuevos retos al tratamiento. El hikikomori es más común en hombres, en Japón. En México aún no tenemos una estadística específica para este síndrome. Pero la persona que lo padece puede interactuar a través de las redes sociales. Por lo que no es precisamente el miedo a la interacción social lo que caracteriza al hikikomori, sino al estar de frente a un ser humano. El hikikomori puede ser muy social a través de las redes sociales, detrás de la pantalla de una computadora, pero rehuir una plática en persona. Hay diferentes grados de este síndrome, no todos están totalmente en el aislamiento. Habrá hikikomori parciales por así decirlo, o hikikomoris de fines de semana. En el tratamiento hay dos estilos al parecer. El japonés en el que se le trata al hikikomori como si padeciera alguna adicción alguna droga, y se le retira de manera involuntaria del lugar de reclusión para internarlo en alguna clínica de rehabilitación u hospital psiquiátrico. Este sistema de tratamiento recuerda al tratar a la enfermedad con la enfermedad, y no es del todo óptimo, sin embargo en casos severos puede ser la diferencia entre rescatar a una persona, en casos extremos de una muerte, ya que no es extraño los hikikomori puedan padecer otros trastornos psiquiátricos, como la depresión que los pueda llevar a hacerse daño y en casos extremos cometer suicidio. El otro tipo de tratamiento es similar al de las fobias. Intenta de una manera gradual y estructurada, el contacto con el mundo exterior, de manera que la persona no se sienta agredida y pueda cooperar durante el proceso de rehabilitación. Al parecer el estilo del tratamiento depende del caso. Pero aún los tratamientos exprés involuntarios, tendrán que llevar un seguimiento a largo plazo, para poder reintegrar de manera adecuada a la persona. Recordar que el hikikomori puede o no tener trabajo, o haber abandonado los estudios. Por lo que la meta del tratamiento también dependerá de una evaluación minuciosa del caso. La familia juega un papel importante en la rehabilitación y se convierte en el puente de enlace entre el paciente y el terapeuta o los profesionales de la salud mental que intervengan. Se han utilizado variantes de estos tratamientos incluso en algunos, con la ayuda de ex hikikomoris, se puede lograr motivar al paciente a que retome el contacto con el mundo y se rehabilite. Todavía hacen falta estudios que nos aporten datos estadísticos para poder basar los tratamientos en estrategias que se puedan replicar. Mientras no tengamos más investigación, se sugiere trabajar en equipo involucrando a la familia en el tratamiento. La misma tecnología que el hikikomori utiliza para aislarse del mundo, la computadora se puede utilizar como herramienta terapéutica en un principio, por lo que no es necesario suprimir la tecnología, sino utilizarla en favor de la rehabilitación, para que hikikomori se pueda adaptar a un mundo de tecnología sin aislarse ni recluirse.Dr. Eduardo Monteverde MaldonadoPsiquiatraCertificado por el Consejo Mexicanode Psiquiatría, A.C. [email protected]
    Apr 14, 2018 5730
  • 28 Aug 2018
    La investigación previa ha documentado contribuciones hereditarias compartidas en la autolesión no suicida (ALNS) y la ideación suicida (IdS), así como en ALNS e intento de suicidio (InS). Además, la exposición al trauma ha estado implicada en el riesgo de ALNS y suicidio. Se necesita de estudios que puedan dar un punto de vista genético para determinar fuentes comunes de implicación en los tres tipos de pensamiento y conducta autodestructiva, con el fin de aclarar la naturaleza de sus asociaciones con las experiencias traumáticas. Este estudió procuró llevar a cabo justo esa tarea, y para ello reclutó dos cohortes de gemelos con un total de 9526 participantes. Los investigadores encontraron que las prevalencias de exposición al trauma de alto riesgo (TAR), ALNS, IdS y InS fueron 24.4, 5.6, 27.1 y 4.6%, respectivamente. Todos los fenotipos tenían una correlación moderada a alta. Las influencias genéticas sobre los pensamientos autodestructivos y el TAR fueron significativas y altamente correlacionadas entre hombres y mujeres. Las influencias ambientales únicas se correlacionaron modestamente en las mujeres, lo que sugiere que los traumatismos de alto riesgo pueden conferir cierto riesgo directo de pensamientos y conductas autolesivas entre las mujeres. Las personas que llevan a cabo ALNS corren un mayor riesgo de suicidio, y los factores hereditarios comunes contribuyen a estas asociaciones. La prevención de la exposición al trauma puede ayudar a mitigar el riesgo de autolesión y suicidio, ya sea directa o indirectamente, a través de alguna reducción en la implicación hacia el desarrollo de psicopatología de manera más amplia. Además, la selección de factores de vulnerabilidad preexistentes podría reducir significativamente el riesgo de conductas potencialmente mortales entre los que han experimentado un trauma.   Fuente: Richmond-Rakerd LS et al. Psychol Med. 2018 May 6:1-10. doi: 10.1017/S0033291718001034. [Epub ahead of print] Contribución genética y exposición al trauma en las autolesiones. https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/common-genetic-contributions-to-highrisk-trauma-exposure-and-selfinjurious-thoughts-and-behaviors/9DF36ABC259BCB28BF2379541DFC7EDE  
    5539 Posted by APM NET .
  • La investigación previa ha documentado contribuciones hereditarias compartidas en la autolesión no suicida (ALNS) y la ideación suicida (IdS), así como en ALNS e intento de suicidio (InS). Además, la exposición al trauma ha estado implicada en el riesgo de ALNS y suicidio. Se necesita de estudios que puedan dar un punto de vista genético para determinar fuentes comunes de implicación en los tres tipos de pensamiento y conducta autodestructiva, con el fin de aclarar la naturaleza de sus asociaciones con las experiencias traumáticas. Este estudió procuró llevar a cabo justo esa tarea, y para ello reclutó dos cohortes de gemelos con un total de 9526 participantes. Los investigadores encontraron que las prevalencias de exposición al trauma de alto riesgo (TAR), ALNS, IdS y InS fueron 24.4, 5.6, 27.1 y 4.6%, respectivamente. Todos los fenotipos tenían una correlación moderada a alta. Las influencias genéticas sobre los pensamientos autodestructivos y el TAR fueron significativas y altamente correlacionadas entre hombres y mujeres. Las influencias ambientales únicas se correlacionaron modestamente en las mujeres, lo que sugiere que los traumatismos de alto riesgo pueden conferir cierto riesgo directo de pensamientos y conductas autolesivas entre las mujeres. Las personas que llevan a cabo ALNS corren un mayor riesgo de suicidio, y los factores hereditarios comunes contribuyen a estas asociaciones. La prevención de la exposición al trauma puede ayudar a mitigar el riesgo de autolesión y suicidio, ya sea directa o indirectamente, a través de alguna reducción en la implicación hacia el desarrollo de psicopatología de manera más amplia. Además, la selección de factores de vulnerabilidad preexistentes podría reducir significativamente el riesgo de conductas potencialmente mortales entre los que han experimentado un trauma.   Fuente: Richmond-Rakerd LS et al. Psychol Med. 2018 May 6:1-10. doi: 10.1017/S0033291718001034. [Epub ahead of print] Contribución genética y exposición al trauma en las autolesiones. https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/common-genetic-contributions-to-highrisk-trauma-exposure-and-selfinjurious-thoughts-and-behaviors/9DF36ABC259BCB28BF2379541DFC7EDE  
    Aug 28, 2018 5539
  • 04 Jun 2019
    Es bien conocido que el Trastorno Depresivo Mayor se trata de una condición crónica, recurrente y progresiva, la cual incluye un espectro sintomático amplio, con alteraciones emocionales, cognitivas y físicas. La padecen alrededor de 350 millones de personas a nivel global, y se considera que será la principal causa de carga de morbilidad para el año 2030; por si fuera poco, es una enfermedad altamente comorbidad, pues hasta un 59% de los pacientes tendrán un trastorno de ansiedad asociado, y el 24% un trastorno por consumo de sustancias. El impacto de estos números va mucho más allá de lo estrictamente clínico, pues se estima que a pesar de los 38 millones de euros que se invierten en la UE para tratarla (costos directos), 1 de cada 10 empleados a faltado al trabajo por depresión, con un promedio de 36 días de ausencia por episodio, suscitando un costo a los empleadores de 54 millones de euros (37 millones en EUA y 7,5 millones en Australia). Algunos estudios demuestran que un incremento en la productividad en el trabajo puede compensar los costos de tratamiento de la depresión en un 45-98 %. Sin embargo, solo el 50% de los pacientes deprimidos recibe tratamiento, a lo que se suma que, con las intervenciones actuales, 1 de cada 2 de estos no responde bien al mismo, por lo que, a mediano y largo plazo, van a tener una menor calidad de vida, funcionalidad y productividad, con menor probabilidad de ser contratados, generando mayor costo en cuidados médicos y programas sociales. Ante este panorama se hace necesario invertir en la concientización pública, en la capacitación médica, en mejorar el acceso a los servicios de salud, así como la inversión en intervenciones tempranas, planteando como objetivos principales la optimización de la calidad de vida y el funcionamiento de los pacientes.   American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Health Disorders. Quinta edición. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2013  
    4683 Posted by APM NET .
  • Es bien conocido que el Trastorno Depresivo Mayor se trata de una condición crónica, recurrente y progresiva, la cual incluye un espectro sintomático amplio, con alteraciones emocionales, cognitivas y físicas. La padecen alrededor de 350 millones de personas a nivel global, y se considera que será la principal causa de carga de morbilidad para el año 2030; por si fuera poco, es una enfermedad altamente comorbidad, pues hasta un 59% de los pacientes tendrán un trastorno de ansiedad asociado, y el 24% un trastorno por consumo de sustancias. El impacto de estos números va mucho más allá de lo estrictamente clínico, pues se estima que a pesar de los 38 millones de euros que se invierten en la UE para tratarla (costos directos), 1 de cada 10 empleados a faltado al trabajo por depresión, con un promedio de 36 días de ausencia por episodio, suscitando un costo a los empleadores de 54 millones de euros (37 millones en EUA y 7,5 millones en Australia). Algunos estudios demuestran que un incremento en la productividad en el trabajo puede compensar los costos de tratamiento de la depresión en un 45-98 %. Sin embargo, solo el 50% de los pacientes deprimidos recibe tratamiento, a lo que se suma que, con las intervenciones actuales, 1 de cada 2 de estos no responde bien al mismo, por lo que, a mediano y largo plazo, van a tener una menor calidad de vida, funcionalidad y productividad, con menor probabilidad de ser contratados, generando mayor costo en cuidados médicos y programas sociales. Ante este panorama se hace necesario invertir en la concientización pública, en la capacitación médica, en mejorar el acceso a los servicios de salud, así como la inversión en intervenciones tempranas, planteando como objetivos principales la optimización de la calidad de vida y el funcionamiento de los pacientes.   American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Health Disorders. Quinta edición. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2013  
    Jun 04, 2019 4683
  • 27 Feb 2018
    La investigación llevada a cabo en las últimas dos décadas ha revelado que el duelo, un fenómeno común experimentado por muchas personas después de la pérdida de un ser querido, es raramente experimentada como una progresión estable de una alta intensidad a su eventual resolución. En lugar de esta forma “tradicional”, cuatro distintas trayectorias han sido descritas por datos empíricos: resiliencia, duelo cronificado, deprimido-resuelto y depresión crónica. Además, un pequeño número de personas nunca integra la pérdida a su vida, y continúa experimentando severa disfunción en su vida diaria por muchos años después del evento que genera la misma, un fenómeno conocido como “duelo complicado” (DC). La investigación empírica continua ayudará al entendimiento del proceso normal del duelo y al DC como un trastorno. Esta información es crucial para que los clínicos mejoren sus prácticas cuando se atiende a aquellos que han sufrido una pérdida.   Fuente. B.J. Arizmendi, M.-F. O’Connor / Australian Critical Care 28 (2015) 58–62 https://ac-els-cdn-com.pbidi.unam.mx:2443/S1036731415000065/1-s2.0-S1036731415000065-main.pdf?_tid=7c72ec84-c028-11e7-8703-00000aacb361&acdnat=1509666757_b818d239e21b92ac259884dced952988       ¿Quiere conocer más sobre este y optros temas de interés?   Le invitamos a conocer nuestro Cognición y Depresión en donde encontrará ponencias de temas cómo comorbilidad, tratamiento farmacológico y no farmacológico. si está inetresado en cusros similares, de clic aquí donde puede encontrar contenido gratuito y de pago.    
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  • La investigación llevada a cabo en las últimas dos décadas ha revelado que el duelo, un fenómeno común experimentado por muchas personas después de la pérdida de un ser querido, es raramente experimentada como una progresión estable de una alta intensidad a su eventual resolución. En lugar de esta forma “tradicional”, cuatro distintas trayectorias han sido descritas por datos empíricos: resiliencia, duelo cronificado, deprimido-resuelto y depresión crónica. Además, un pequeño número de personas nunca integra la pérdida a su vida, y continúa experimentando severa disfunción en su vida diaria por muchos años después del evento que genera la misma, un fenómeno conocido como “duelo complicado” (DC). La investigación empírica continua ayudará al entendimiento del proceso normal del duelo y al DC como un trastorno. Esta información es crucial para que los clínicos mejoren sus prácticas cuando se atiende a aquellos que han sufrido una pérdida.   Fuente. B.J. Arizmendi, M.-F. O’Connor / Australian Critical Care 28 (2015) 58–62 https://ac-els-cdn-com.pbidi.unam.mx:2443/S1036731415000065/1-s2.0-S1036731415000065-main.pdf?_tid=7c72ec84-c028-11e7-8703-00000aacb361&acdnat=1509666757_b818d239e21b92ac259884dced952988       ¿Quiere conocer más sobre este y optros temas de interés?   Le invitamos a conocer nuestro Cognición y Depresión en donde encontrará ponencias de temas cómo comorbilidad, tratamiento farmacológico y no farmacológico. si está inetresado en cusros similares, de clic aquí donde puede encontrar contenido gratuito y de pago.    
    Feb 27, 2018 3809
  • 25 Feb 2019
    La Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) publicó previamente directrices de tratamiento para el trastorno bipolar en 2005, junto con comentarios internacionales y actualizaciones posteriores en 2007, 2009 y 2013. Las últimas dos actualizaciones fueron publicadas en colaboración con la International Society for Bipolar Disorders (ISBD). Las directrices de tratamiento de CANMAT e ISBD de 2018 representan avances significativos en este campo desde la publicación de la última edición completa en 2005, que incluye actualizaciones de diagnóstico y tratamiento, así como nuevas investigaciones sobre intervenciones farmacológicas y psicológicas. Estos avances se han traducido en recomendaciones claras y fáciles de usar para los tratamientos de primera, segunda y tercera línea, teniendo en cuenta los niveles de evidencia para su eficacia, el apoyo clínico basado en la experiencia y las clasificaciones consensuadas de seguridad, tolerabilidad y riesgos emergentes del cambio de tratamiento. Como novedad en estas pautas, se crearon clasificaciones jerárquicas para los manejos de primera y segunda línea recomendados para la manía aguda, la depresión aguda y el tratamiento de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I. Creada al considerar el impacto de cada tratamiento en todas las fases de la enfermedad, esta jerarquía ayudará a los médicos a tomar decisiones de tratamiento basadas en la evidencia. El litio, la quetiapina, el divalproato, la asenapina, el aripiprazol, la paliperidona, la risperidona y la cariprazina, solos o en combinación, se recomiendan como tratamientos de primera línea para la manía aguda. Las opciones de primera línea para la depresión en Trastorno Bipolar tipo I incluyen quetiapina, lurasidona más litio o divalproato, litio, lamotrigina, lurasidona, o lamotrigina como coadyuvante. Si bien los medicamentos que han demostrado ser efectivos para la fase aguda generalmente deben continuarse durante la fase de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I, existen algunas excepciones (como los antidepresivos); y los datos disponibles sugieren que la monoterapia con litio, quetiapina, divalproato, lamotrigina, asenapina y aripiprazol, o los tratamientos combinados, deben considerarse de primera línea para aquellos que inician o cambian el tratamiento durante la fase de mantenimiento. Además de abordar los problemas en el Trastorno Bipolar tipo I, estas directrices también proporcionan una visión general y recomendaciones para el tratamiento clínico del Trastorno Bipolar tipo II, así como consejos sobre poblaciones específicas, como mujeres en diversas etapas del ciclo reproductivo, niños y niñas, adolescentes y adultos mayores. También hay discusiones sobre el impacto de las comorbilidades psiquiátricas y médicas específicas, como el consumo de sustancias, la ansiedad y los trastornos metabólicos. Finalmente, se brinda una visión general de los problemas relacionados con la seguridad y el monitoreo. Los grupos de CANMAT e ISBD esperan que estas pautas se conviertan en una herramienta valiosa para los profesionales de todo el mundo.   Yatham LN et al. Bipolar Disord. 2018 Mar;20(2):97-170. doi: 10.1111/bdi.12609. Epub 2018 Mar 14. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bdi.12609
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  • La Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) publicó previamente directrices de tratamiento para el trastorno bipolar en 2005, junto con comentarios internacionales y actualizaciones posteriores en 2007, 2009 y 2013. Las últimas dos actualizaciones fueron publicadas en colaboración con la International Society for Bipolar Disorders (ISBD). Las directrices de tratamiento de CANMAT e ISBD de 2018 representan avances significativos en este campo desde la publicación de la última edición completa en 2005, que incluye actualizaciones de diagnóstico y tratamiento, así como nuevas investigaciones sobre intervenciones farmacológicas y psicológicas. Estos avances se han traducido en recomendaciones claras y fáciles de usar para los tratamientos de primera, segunda y tercera línea, teniendo en cuenta los niveles de evidencia para su eficacia, el apoyo clínico basado en la experiencia y las clasificaciones consensuadas de seguridad, tolerabilidad y riesgos emergentes del cambio de tratamiento. Como novedad en estas pautas, se crearon clasificaciones jerárquicas para los manejos de primera y segunda línea recomendados para la manía aguda, la depresión aguda y el tratamiento de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I. Creada al considerar el impacto de cada tratamiento en todas las fases de la enfermedad, esta jerarquía ayudará a los médicos a tomar decisiones de tratamiento basadas en la evidencia. El litio, la quetiapina, el divalproato, la asenapina, el aripiprazol, la paliperidona, la risperidona y la cariprazina, solos o en combinación, se recomiendan como tratamientos de primera línea para la manía aguda. Las opciones de primera línea para la depresión en Trastorno Bipolar tipo I incluyen quetiapina, lurasidona más litio o divalproato, litio, lamotrigina, lurasidona, o lamotrigina como coadyuvante. Si bien los medicamentos que han demostrado ser efectivos para la fase aguda generalmente deben continuarse durante la fase de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I, existen algunas excepciones (como los antidepresivos); y los datos disponibles sugieren que la monoterapia con litio, quetiapina, divalproato, lamotrigina, asenapina y aripiprazol, o los tratamientos combinados, deben considerarse de primera línea para aquellos que inician o cambian el tratamiento durante la fase de mantenimiento. Además de abordar los problemas en el Trastorno Bipolar tipo I, estas directrices también proporcionan una visión general y recomendaciones para el tratamiento clínico del Trastorno Bipolar tipo II, así como consejos sobre poblaciones específicas, como mujeres en diversas etapas del ciclo reproductivo, niños y niñas, adolescentes y adultos mayores. También hay discusiones sobre el impacto de las comorbilidades psiquiátricas y médicas específicas, como el consumo de sustancias, la ansiedad y los trastornos metabólicos. Finalmente, se brinda una visión general de los problemas relacionados con la seguridad y el monitoreo. Los grupos de CANMAT e ISBD esperan que estas pautas se conviertan en una herramienta valiosa para los profesionales de todo el mundo.   Yatham LN et al. Bipolar Disord. 2018 Mar;20(2):97-170. doi: 10.1111/bdi.12609. Epub 2018 Mar 14. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bdi.12609
    Feb 25, 2019 3632