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  • 01 Dec 2020
    El reconocimiento y el tratamiento tempranos de la encefalitis autoinmune (EA) son cruciales para los pacientes, pero el diagnóstico a menudo es difícil y requiere mucho tiempo. Con este fin, Graus et al. publicaron un enfoque de diagnóstico basado en el síndrome. (Lancet Neurol 15: 391-404, 2016), pero se sabe muy poco en la literatura sobre su aplicación en la práctica clínica. Por ello, los autores del artículo citado se propusieron como objetivo probar la viabilidad de dicho enfoque en un entorno de centro único del mundo real y analizar los factores más relevantes en el cumplimiento de los criterios. Para esto, aplicaron retrospectivamente estos criterios a una cohorte de pacientes dados de alta de un hospital general con diagnóstico de encefalitis autoinmune (n = 33, 58% anticuerpos positivos).   Resultados: Todos los sujetos cumplieron los criterios de posible EA (pAE), teniendo el EEG y la RMN un papel central en el diagnóstico, mientras que el LCR fue útil principalmente para descartar otras afecciones. Tres pacientes respetaron los criterios de probable encefalitis anti-NMDA-R (pNMDA). Se diagnosticó encefalitis anti-NMDAR definida en 4 pacientes con detección del autoanticuerpos pero, sorprendentemente, ninguno de estos sujetos había cumplido los criterios para pNMDA. A 18 pacientes se les diagnosticó EA límbica (15 pacientes tuvieron anticuerpos positivos, tres anticuerpos negativos). Se necesitó del involucro de resonancia magnética bilateral en el diagnóstico limitado de EA límbica negativa para anticuerpos. Un paciente cumplió los criterios de EA probable con anticuerpos negativos, mientras que diez pacientes permanecieron clasificados como pAE.   Conclusión: De este análisis retrospectivo, pueden surgir algunas sugerencias para una mejor definición de los criterios. Los estudios más amplios sobre cohortes prospectivas pueden ser más útiles para explorar posibles problemas importantes.   Giordano A, Fazio R, Gelibter S, Minicucci F, Vabanesi M, Anzalone N, Magnani G, Filippi M, Martinelli V. J Neurol. 2020 Feb;267(2):449-460. doi: 10.1007/s00415-019-09607-3. Epub 2019 Oct 30. PMID: 31667626. https://link.springer.com/article/10.1007/s00415-019-09607-3 
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  • El reconocimiento y el tratamiento tempranos de la encefalitis autoinmune (EA) son cruciales para los pacientes, pero el diagnóstico a menudo es difícil y requiere mucho tiempo. Con este fin, Graus et al. publicaron un enfoque de diagnóstico basado en el síndrome. (Lancet Neurol 15: 391-404, 2016), pero se sabe muy poco en la literatura sobre su aplicación en la práctica clínica. Por ello, los autores del artículo citado se propusieron como objetivo probar la viabilidad de dicho enfoque en un entorno de centro único del mundo real y analizar los factores más relevantes en el cumplimiento de los criterios. Para esto, aplicaron retrospectivamente estos criterios a una cohorte de pacientes dados de alta de un hospital general con diagnóstico de encefalitis autoinmune (n = 33, 58% anticuerpos positivos).   Resultados: Todos los sujetos cumplieron los criterios de posible EA (pAE), teniendo el EEG y la RMN un papel central en el diagnóstico, mientras que el LCR fue útil principalmente para descartar otras afecciones. Tres pacientes respetaron los criterios de probable encefalitis anti-NMDA-R (pNMDA). Se diagnosticó encefalitis anti-NMDAR definida en 4 pacientes con detección del autoanticuerpos pero, sorprendentemente, ninguno de estos sujetos había cumplido los criterios para pNMDA. A 18 pacientes se les diagnosticó EA límbica (15 pacientes tuvieron anticuerpos positivos, tres anticuerpos negativos). Se necesitó del involucro de resonancia magnética bilateral en el diagnóstico limitado de EA límbica negativa para anticuerpos. Un paciente cumplió los criterios de EA probable con anticuerpos negativos, mientras que diez pacientes permanecieron clasificados como pAE.   Conclusión: De este análisis retrospectivo, pueden surgir algunas sugerencias para una mejor definición de los criterios. Los estudios más amplios sobre cohortes prospectivas pueden ser más útiles para explorar posibles problemas importantes.   Giordano A, Fazio R, Gelibter S, Minicucci F, Vabanesi M, Anzalone N, Magnani G, Filippi M, Martinelli V. J Neurol. 2020 Feb;267(2):449-460. doi: 10.1007/s00415-019-09607-3. Epub 2019 Oct 30. PMID: 31667626. https://link.springer.com/article/10.1007/s00415-019-09607-3 
    Dec 01, 2020 9
  • 25 Nov 2020
    La psoriasis se asocia con una variedad de problemas psicológicos que incluyen baja autoestima, disfunción sexual, ansiedad y trastorno depresivo; así mismo, es frecuente encontrar ideación suicida y deterioro cognitivo significativo. El objetivo del estudio citado es evaluar la frecuencia de deterioro cognitivo en pacientes con psoriasis. Para ello se incluyeron 200 sujetos para un estudio clínico que relacionara el estado cognitivo con la condición dermatológica.   Las herramientas utilizadas en el estudio fueron el Mini Examen del Estado Mental Estándar (SMMSE) y la Escala Breve de Calificación Cognitiva (BCRS), con la intención de evaluar las funciones cognitivas.Los resultados obtenidos se analizaron mediante la prueba de Chi-cuadrado y la prueba de Student.   Resultados: los pacientes con psoriasis tenían déficits cognitivos en el dominio de atención, concentración y puntajes totales de SMMSE y BCRS. La relación puede estar asociada a fenómenos propios de la condición dermatológica o a los problemas emocionales relacionados.   Padma K, Nanaware SS, Yadiyal A, Mathai PJ. J Family Med Prim Care. 2020 Aug 25;9(8):4001-4004. doi: 10.4103/jfmpc.jfmpc_104_20. PMID: 33110801; PMCID: PMC7586585. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7586585/
    190 Posted by APM NET .
  • La psoriasis se asocia con una variedad de problemas psicológicos que incluyen baja autoestima, disfunción sexual, ansiedad y trastorno depresivo; así mismo, es frecuente encontrar ideación suicida y deterioro cognitivo significativo. El objetivo del estudio citado es evaluar la frecuencia de deterioro cognitivo en pacientes con psoriasis. Para ello se incluyeron 200 sujetos para un estudio clínico que relacionara el estado cognitivo con la condición dermatológica.   Las herramientas utilizadas en el estudio fueron el Mini Examen del Estado Mental Estándar (SMMSE) y la Escala Breve de Calificación Cognitiva (BCRS), con la intención de evaluar las funciones cognitivas.Los resultados obtenidos se analizaron mediante la prueba de Chi-cuadrado y la prueba de Student.   Resultados: los pacientes con psoriasis tenían déficits cognitivos en el dominio de atención, concentración y puntajes totales de SMMSE y BCRS. La relación puede estar asociada a fenómenos propios de la condición dermatológica o a los problemas emocionales relacionados.   Padma K, Nanaware SS, Yadiyal A, Mathai PJ. J Family Med Prim Care. 2020 Aug 25;9(8):4001-4004. doi: 10.4103/jfmpc.jfmpc_104_20. PMID: 33110801; PMCID: PMC7586585. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7586585/
    Nov 25, 2020 190
  • 18 Nov 2020
    Este informe caracteriza a los pacientes que se presentaron en servicios de emergencias psiquiátricas durante la pandemia de COVID-19 y describe los factores estresantes relacionados con COVID-19. Los pacientes atendidos para una evaluación psiquiátrica de emergencia durante el apogeo del período COVID-19 (1 de marzo al 30 de abril de 2020; N = 201) se compararon con los del período inmediato Pre-COVID-19 (1 de enero al 28 de febrero de 2020). 2020; N = 355), sobre sus características sociodemográficas, diagnósticos psiquiátricos, síntomas y disposición. Los pacientes que dieron positivo por COVID-19 se compararon con aquellos que no. Se calificó la prevalencia y la naturaleza de los factores estresantes de COVID-19 que influyeron en la presentación de la emergencia.   Resultados: Los diagnósticos psiquiátricos y los síntomas de presentación más comunes durante ambos períodos fueron depresión e ideación suicida. Al comparar los períodos Pre-COVID-19 y COVID-19, se observó una disminución significativa en el volumen psiquiátrico de emergencia en niños y adolescentes (N/A), pero no en adultos. Los pacientes N/A del período COVID-19 tenían más trastornos de aparición reciente y tenían más probabilidades de ser ingresados ​​en la atención hospitalaria, pero tenían menos probabilidades de presentar intentos de suicidio, trastornos del control de impulsos y agitación/agresión. Los adultos tenían más probabilidades de no tener acceso a la atención ambulatoria, presentar trastornos de ansiedad y también tenían más probabilidades de ser admitidos para la atención hospitalaria. COVID-19 afectó directamente la emergencia psiquiátrica en el 25% de los pacientes, y los factores estresantes más graves se desencadenaron por el miedo a la infección por COVID (incluida la psicosis), la infección por COVID real en uno mismo o en miembros de la familia, incluida la muerte de un ser querido. Los pacientes COVID positivos tenían más probabilidades de tener psicosis, incluso de nueva aparición, y tenían menos probabilidades de estar deprimidos/suicidas en comparación con sus contrapartes COVID negativos.   Conclusión: Este informe demuestra la necesidad de servicios psiquiátricos de emergencia durante la pandemia de COVID-19 y la necesidad de detección clínica y de diagnóstico de COVID-19 en pacientes de emergencia psiquiátrica. La patología nueva y grave enfatiza la necesidad de un mejor acceso ambulatorio a servicios de tele-salud mental, línea directa de crisis y psicoterapéuticos en línea, así como servicios psiquiátricos para pacientes hospitalizados con capacidad para atender de manera segura a los pacientes con COVID-19.   Ferrando SJ, Klepacz L, Lynch S, Shahar S, Dornbush R, Smiley A, Miller I, Tavakkoli M, Regan J, Bartell A. J Psychiatr Res. 2020 Oct 28:S0022-3956(20)31032-3. doi: 10.1016/j.jpsychires.2020.10.029. Epub ahead of print. PMID: 33158555. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022395620310323?via%3Dihub
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  • Este informe caracteriza a los pacientes que se presentaron en servicios de emergencias psiquiátricas durante la pandemia de COVID-19 y describe los factores estresantes relacionados con COVID-19. Los pacientes atendidos para una evaluación psiquiátrica de emergencia durante el apogeo del período COVID-19 (1 de marzo al 30 de abril de 2020; N = 201) se compararon con los del período inmediato Pre-COVID-19 (1 de enero al 28 de febrero de 2020). 2020; N = 355), sobre sus características sociodemográficas, diagnósticos psiquiátricos, síntomas y disposición. Los pacientes que dieron positivo por COVID-19 se compararon con aquellos que no. Se calificó la prevalencia y la naturaleza de los factores estresantes de COVID-19 que influyeron en la presentación de la emergencia.   Resultados: Los diagnósticos psiquiátricos y los síntomas de presentación más comunes durante ambos períodos fueron depresión e ideación suicida. Al comparar los períodos Pre-COVID-19 y COVID-19, se observó una disminución significativa en el volumen psiquiátrico de emergencia en niños y adolescentes (N/A), pero no en adultos. Los pacientes N/A del período COVID-19 tenían más trastornos de aparición reciente y tenían más probabilidades de ser ingresados ​​en la atención hospitalaria, pero tenían menos probabilidades de presentar intentos de suicidio, trastornos del control de impulsos y agitación/agresión. Los adultos tenían más probabilidades de no tener acceso a la atención ambulatoria, presentar trastornos de ansiedad y también tenían más probabilidades de ser admitidos para la atención hospitalaria. COVID-19 afectó directamente la emergencia psiquiátrica en el 25% de los pacientes, y los factores estresantes más graves se desencadenaron por el miedo a la infección por COVID (incluida la psicosis), la infección por COVID real en uno mismo o en miembros de la familia, incluida la muerte de un ser querido. Los pacientes COVID positivos tenían más probabilidades de tener psicosis, incluso de nueva aparición, y tenían menos probabilidades de estar deprimidos/suicidas en comparación con sus contrapartes COVID negativos.   Conclusión: Este informe demuestra la necesidad de servicios psiquiátricos de emergencia durante la pandemia de COVID-19 y la necesidad de detección clínica y de diagnóstico de COVID-19 en pacientes de emergencia psiquiátrica. La patología nueva y grave enfatiza la necesidad de un mejor acceso ambulatorio a servicios de tele-salud mental, línea directa de crisis y psicoterapéuticos en línea, así como servicios psiquiátricos para pacientes hospitalizados con capacidad para atender de manera segura a los pacientes con COVID-19.   Ferrando SJ, Klepacz L, Lynch S, Shahar S, Dornbush R, Smiley A, Miller I, Tavakkoli M, Regan J, Bartell A. J Psychiatr Res. 2020 Oct 28:S0022-3956(20)31032-3. doi: 10.1016/j.jpsychires.2020.10.029. Epub ahead of print. PMID: 33158555. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022395620310323?via%3Dihub
    Nov 18, 2020 25
  • 13 Nov 2020
    Las emergencias psiquiátricas son cambios de comportamiento graves, secundario al empeoramiento de la enfermedad mental. Tales situaciones representan un riesgo para el paciente y otras personas, por lo que necesitan una intervención terapéutica inmediata. Si bien estas emergencias también pueden ser secundarias a enfermedades físicas, lo que las diferencia de otras emergencias es precisamente la presencia de cambios de conducta severos.   En la mayoría de los casos, se presentan como un indicio de gravedad extrema en la enfermedad mental, se asocian con sentimientos de miedo, ira, prejuicio e incluso exclusión. Entre las emergencias psiquiátricas más prevalentes se encuentran el comportamiento suicida, los episodios maníacos o depresivos graves, la automutilación, el juicio gravemente deteriorado, el autodescuido grave, la intoxicación por sustancias o crisis de abstinencia y la agitación agresiva. Las actitudes de los profesionales de salud y los factores relacionados con la cultura laboral en salud pueden contribuir a perpetuar los estereotipos e interferir en la calidad de la atención.   El estigma tiene consecuencias indeseables en pacientes con trastornos mentales. Ciertas medidas pueden reducir el estigma y proporcionar una forma más digna para que los pacientes se recuperen de la crisis. El artículo citado tiene como objetivo discutir las causas del estigma, las formas de abordarlo y los logros que se han logrado en los entornos de atención de emergencia psiquiátrica. Aunque existen diferentes modelos de atención a las emergencias psiquiátricas, los autores consideran situaciones cuyos principios generales de manejo son los mismos en diferentes entornos. da Silva AG, Baldaçara L, Cavalcante DA, Fasanella NA, Palha AP. Front Psychiatry. 2020 Jun 19;11:573. doi: 10.3389/fpsyt.2020.00573. PMID: 32636773; PMCID: PMC7319091. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7319091/ 
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  • Las emergencias psiquiátricas son cambios de comportamiento graves, secundario al empeoramiento de la enfermedad mental. Tales situaciones representan un riesgo para el paciente y otras personas, por lo que necesitan una intervención terapéutica inmediata. Si bien estas emergencias también pueden ser secundarias a enfermedades físicas, lo que las diferencia de otras emergencias es precisamente la presencia de cambios de conducta severos.   En la mayoría de los casos, se presentan como un indicio de gravedad extrema en la enfermedad mental, se asocian con sentimientos de miedo, ira, prejuicio e incluso exclusión. Entre las emergencias psiquiátricas más prevalentes se encuentran el comportamiento suicida, los episodios maníacos o depresivos graves, la automutilación, el juicio gravemente deteriorado, el autodescuido grave, la intoxicación por sustancias o crisis de abstinencia y la agitación agresiva. Las actitudes de los profesionales de salud y los factores relacionados con la cultura laboral en salud pueden contribuir a perpetuar los estereotipos e interferir en la calidad de la atención.   El estigma tiene consecuencias indeseables en pacientes con trastornos mentales. Ciertas medidas pueden reducir el estigma y proporcionar una forma más digna para que los pacientes se recuperen de la crisis. El artículo citado tiene como objetivo discutir las causas del estigma, las formas de abordarlo y los logros que se han logrado en los entornos de atención de emergencia psiquiátrica. Aunque existen diferentes modelos de atención a las emergencias psiquiátricas, los autores consideran situaciones cuyos principios generales de manejo son los mismos en diferentes entornos. da Silva AG, Baldaçara L, Cavalcante DA, Fasanella NA, Palha AP. Front Psychiatry. 2020 Jun 19;11:573. doi: 10.3389/fpsyt.2020.00573. PMID: 32636773; PMCID: PMC7319091. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7319091/ 
    Nov 13, 2020 16
  • 28 Oct 2020
    La somnolencia es una de las quejas más comunes de las personas con epilepsia, pero falta una documentación objetiva, por lo que los autores del artículo citado revisaron sistemáticamente la somnolencia subjetiva y objetiva en una cohorte observacional transversal de adultos con epilepsia (ACE). Para ello, reclutaron pacientes consecutivamente, sin conocimiento previo de las quejas de sueño/vigilia. Se realizó polisomnografía (PSG) con electroencefalografía de 18 canales (EEG), seguida de múltiples pruebas de latencia del sueño (MPLS). Los pacientes completaron la Escala de Somnolencia de Epworth (ESE), una pregunta de un solo ítem que evalúa la somnolencia diurna excesiva (SDE), y un diario de sueño y convulsiones por siete días. Se utilizaron modelos lineales multivariables para evaluar la asociación entre las MPLS  y la latencia media del sueño (LMS) y áreas de interés con el ajuste de covariables. El análisis de las características operativas del receptor (COR) evaluó la capacidad de discriminación de ESE en LMS <8 min y <5 min, investigando los puntos de corte óptimos.   Entre 127 ACE (edad media: 38,7 ± 13,7 años), se observó LMS anormal (<8 min) en 49,6% y LMS <5 min en 31,5%. Mientras que el 78% informó sentirse somnoliento durante el día en una pregunta de un solo ítem, solo el 24% tuvo puntajes elevados en la ESE (> 10/24). La puntuación de la ESE se asoció con la LMS incluso después de ajustar la frecuencia de las convulsiones, la dosis y el número estandarizados de medicamentos anticonvulsivos (MAC), la edad, el sexo, la gravedad de los síntomas de depresión y de insomnio, el índice de apnea-hipopnea (HPI) y el tiempo total de sueño en la PSG (p = 0,018). El área bajo la curva (AbC) del COR ESE que predice LMS <8 min y LMS <5 min fueron similares: 0,62 (IC del 95%: 0,52-0,72) y 0,62 (IC del 95%: 0,51-0,74).   Conclusiones: Este es el estudio observacional transversal prospectivo más grande hasta la fecha utilizando MPLS en ACE. Los autores encontraron que la somnolencia diurna subjetiva y objetiva es altamente prevalente en el ACE y no se explica por la frecuencia de las convulsiones, la carga de MAC, los síntomas de insomnio/depresión o los hallazgos de PSG, aunque aquellos con LMS <5 min tenían más probabilidades de tener apnea obstructiva del sueño (AOS). La somnolencia patológica con LMS <8 min estuvo presente en la mitad de ACE. Casi un tercio de los ACE no seleccionados para quejas de sueño/vigilia tenían LMS <5 min, un rango típico de la narcolepsia.   Grigg-Damberger M, Andrews N, Wang L, Bena J, Foldvary-Schaefer N. Epilepsy Behav. 2020 May;106:107023. doi: 10.1016/j.yebeh.2020.107023. Epub 2020 Mar 23. PMID: 32213453. https://www.epilepsybehavior.com/article/S1525-5050(20)30202-X/fulltext
    21 Posted by APM NET .
  • La somnolencia es una de las quejas más comunes de las personas con epilepsia, pero falta una documentación objetiva, por lo que los autores del artículo citado revisaron sistemáticamente la somnolencia subjetiva y objetiva en una cohorte observacional transversal de adultos con epilepsia (ACE). Para ello, reclutaron pacientes consecutivamente, sin conocimiento previo de las quejas de sueño/vigilia. Se realizó polisomnografía (PSG) con electroencefalografía de 18 canales (EEG), seguida de múltiples pruebas de latencia del sueño (MPLS). Los pacientes completaron la Escala de Somnolencia de Epworth (ESE), una pregunta de un solo ítem que evalúa la somnolencia diurna excesiva (SDE), y un diario de sueño y convulsiones por siete días. Se utilizaron modelos lineales multivariables para evaluar la asociación entre las MPLS  y la latencia media del sueño (LMS) y áreas de interés con el ajuste de covariables. El análisis de las características operativas del receptor (COR) evaluó la capacidad de discriminación de ESE en LMS <8 min y <5 min, investigando los puntos de corte óptimos.   Entre 127 ACE (edad media: 38,7 ± 13,7 años), se observó LMS anormal (<8 min) en 49,6% y LMS <5 min en 31,5%. Mientras que el 78% informó sentirse somnoliento durante el día en una pregunta de un solo ítem, solo el 24% tuvo puntajes elevados en la ESE (> 10/24). La puntuación de la ESE se asoció con la LMS incluso después de ajustar la frecuencia de las convulsiones, la dosis y el número estandarizados de medicamentos anticonvulsivos (MAC), la edad, el sexo, la gravedad de los síntomas de depresión y de insomnio, el índice de apnea-hipopnea (HPI) y el tiempo total de sueño en la PSG (p = 0,018). El área bajo la curva (AbC) del COR ESE que predice LMS <8 min y LMS <5 min fueron similares: 0,62 (IC del 95%: 0,52-0,72) y 0,62 (IC del 95%: 0,51-0,74).   Conclusiones: Este es el estudio observacional transversal prospectivo más grande hasta la fecha utilizando MPLS en ACE. Los autores encontraron que la somnolencia diurna subjetiva y objetiva es altamente prevalente en el ACE y no se explica por la frecuencia de las convulsiones, la carga de MAC, los síntomas de insomnio/depresión o los hallazgos de PSG, aunque aquellos con LMS <5 min tenían más probabilidades de tener apnea obstructiva del sueño (AOS). La somnolencia patológica con LMS <8 min estuvo presente en la mitad de ACE. Casi un tercio de los ACE no seleccionados para quejas de sueño/vigilia tenían LMS <5 min, un rango típico de la narcolepsia.   Grigg-Damberger M, Andrews N, Wang L, Bena J, Foldvary-Schaefer N. Epilepsy Behav. 2020 May;106:107023. doi: 10.1016/j.yebeh.2020.107023. Epub 2020 Mar 23. PMID: 32213453. https://www.epilepsybehavior.com/article/S1525-5050(20)30202-X/fulltext
    Oct 28, 2020 21
  • 28 Oct 2020
    Esta revisión tuvo como objetivo evaluar la evidencia existente con respecto a la efectividad clínica y la seguridad de las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas, en adultos con insomnio, e identificar dónde se necesita investigación o desarrollo de políticas. Para ello, se realizaron búsquedas en MEDLINE, Embase, PsycINFO, The Cochrane Library y PubMed hasta el 14 de junio de 2017, junto con los sitios de literatura relevante, que pueden ser considerados de “zona gris”. Dos revisores examinaron de forma independiente los títulos/resúmenes y los artículos de texto completo, y un solo revisor, con un verificador independiente, completó el registro, la extracción de datos y la evaluación de la calidad.   Se incluyeron un total de 64 revisiones sistemáticas (35 con meta-análisis), después de seleccionar 5024 títulos y resúmenes, y 525 artículos de texto completo. Ocho de las revisiones incluidas se calificaron como de alta calidad mediante la herramienta Assessment of Multiple Systematic Reviews 2 (AMSTAR2), y más de la mitad de los artículos incluidos (n = 40) se calificaron como de baja o críticamente baja calidad. Se encontró evidencia consistente de efectividad en múltiples resultados, basados en más de una revisión de calidad alta o moderada con meta-análisis, para: zolpidem, suvorexant, doxepina, melatonina y terapia cognitivo-conductual (TCC), y evidencia de efectividad en múltiples resultados, basados ​​en una revisión de alta calidad con meta-análisis, para: temazepam, triazolam, zopiclona, ​​trazodona e intervenciones conductuales. Estas intervenciones se evaluaron principalmente a corto plazo (<16 semanas) y hubo muy pocos datos disponibles de daños potenciales de las intervenciones farmacológicas, lo que dificulta la evaluación de su relación riesgo-beneficio.   Conclusiones: suponiendo que las intervenciones no farmacológicas son preferibles desde una perspectiva de seguridad, la TCC puede considerarse una terapia de primera línea eficaz para adultos con insomnio, seguida de otras intervenciones conductuales. Los cursos cortos de intervenciones farmacológicas pueden ser complementos de la TCC o la terapia conductual; sin embargo, estas revisiones no contienen evidencia sobre la duración apropiada de la terapia farmacológica.   Rios P, Cardoso R, Morra D, Nincic V, Goodarzi Z, Farah B, Harricharan S, Morin CM, Leech J, Straus SE, Tricco AC. Syst Rev. 2019 Nov 15;8(1):281. doi: 10.1186/s13643-019-1163-9. PMID: 31730011; PMCID: PMC6857325. https://systematicreviewsjournal.biomedcentral.com/articles/10.1186/s13643-019-1163-9 
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  • Esta revisión tuvo como objetivo evaluar la evidencia existente con respecto a la efectividad clínica y la seguridad de las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas, en adultos con insomnio, e identificar dónde se necesita investigación o desarrollo de políticas. Para ello, se realizaron búsquedas en MEDLINE, Embase, PsycINFO, The Cochrane Library y PubMed hasta el 14 de junio de 2017, junto con los sitios de literatura relevante, que pueden ser considerados de “zona gris”. Dos revisores examinaron de forma independiente los títulos/resúmenes y los artículos de texto completo, y un solo revisor, con un verificador independiente, completó el registro, la extracción de datos y la evaluación de la calidad.   Se incluyeron un total de 64 revisiones sistemáticas (35 con meta-análisis), después de seleccionar 5024 títulos y resúmenes, y 525 artículos de texto completo. Ocho de las revisiones incluidas se calificaron como de alta calidad mediante la herramienta Assessment of Multiple Systematic Reviews 2 (AMSTAR2), y más de la mitad de los artículos incluidos (n = 40) se calificaron como de baja o críticamente baja calidad. Se encontró evidencia consistente de efectividad en múltiples resultados, basados en más de una revisión de calidad alta o moderada con meta-análisis, para: zolpidem, suvorexant, doxepina, melatonina y terapia cognitivo-conductual (TCC), y evidencia de efectividad en múltiples resultados, basados ​​en una revisión de alta calidad con meta-análisis, para: temazepam, triazolam, zopiclona, ​​trazodona e intervenciones conductuales. Estas intervenciones se evaluaron principalmente a corto plazo (<16 semanas) y hubo muy pocos datos disponibles de daños potenciales de las intervenciones farmacológicas, lo que dificulta la evaluación de su relación riesgo-beneficio.   Conclusiones: suponiendo que las intervenciones no farmacológicas son preferibles desde una perspectiva de seguridad, la TCC puede considerarse una terapia de primera línea eficaz para adultos con insomnio, seguida de otras intervenciones conductuales. Los cursos cortos de intervenciones farmacológicas pueden ser complementos de la TCC o la terapia conductual; sin embargo, estas revisiones no contienen evidencia sobre la duración apropiada de la terapia farmacológica.   Rios P, Cardoso R, Morra D, Nincic V, Goodarzi Z, Farah B, Harricharan S, Morin CM, Leech J, Straus SE, Tricco AC. Syst Rev. 2019 Nov 15;8(1):281. doi: 10.1186/s13643-019-1163-9. PMID: 31730011; PMCID: PMC6857325. https://systematicreviewsjournal.biomedcentral.com/articles/10.1186/s13643-019-1163-9 
    Oct 28, 2020 16
  • 02 Mar 2018
    Dado que la individualización del tratamiento depende del tipo de síntomas que reporte el paciente (hecho que tendrá un impacto en la efectividad del mismo), se propone una revisión de estos tres nuevos antidepresivos con respecto a su perfil. Vortioxetina, mejorando el tono serotoninérgico, incrementa el funcionamiento cognitivo en TDM, con eficacia en las recurrencias; náusea es su EA más reportado. Levomilnacipram ER, con su mecanismo dual en Serotonina/Norepinefrina, mejora energía y motivación, y la náusea es también su EA más común. Vilazidona tiene un efecto agonista parcial serotoninérgico, por lo que mejora altos niveles de ansiedad; cefalea es su EA más reportado.   Fuente: Roger S McIntyre. Neuropsychiatric Disease and Treatment 2017:13. El rol de los nuevos antidepresivos en la práctica clínica en Canadá: una breve revisión de vortioxetina, levomilnacipram ER y vilazidona. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5716309/
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  • Dado que la individualización del tratamiento depende del tipo de síntomas que reporte el paciente (hecho que tendrá un impacto en la efectividad del mismo), se propone una revisión de estos tres nuevos antidepresivos con respecto a su perfil. Vortioxetina, mejorando el tono serotoninérgico, incrementa el funcionamiento cognitivo en TDM, con eficacia en las recurrencias; náusea es su EA más reportado. Levomilnacipram ER, con su mecanismo dual en Serotonina/Norepinefrina, mejora energía y motivación, y la náusea es también su EA más común. Vilazidona tiene un efecto agonista parcial serotoninérgico, por lo que mejora altos niveles de ansiedad; cefalea es su EA más reportado.   Fuente: Roger S McIntyre. Neuropsychiatric Disease and Treatment 2017:13. El rol de los nuevos antidepresivos en la práctica clínica en Canadá: una breve revisión de vortioxetina, levomilnacipram ER y vilazidona. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5716309/
    Mar 02, 2018 6328
  • 28 Aug 2018
    La investigación previa ha documentado contribuciones hereditarias compartidas en la autolesión no suicida (ALNS) y la ideación suicida (IdS), así como en ALNS e intento de suicidio (InS). Además, la exposición al trauma ha estado implicada en el riesgo de ALNS y suicidio. Se necesita de estudios que puedan dar un punto de vista genético para determinar fuentes comunes de implicación en los tres tipos de pensamiento y conducta autodestructiva, con el fin de aclarar la naturaleza de sus asociaciones con las experiencias traumáticas. Este estudió procuró llevar a cabo justo esa tarea, y para ello reclutó dos cohortes de gemelos con un total de 9526 participantes. Los investigadores encontraron que las prevalencias de exposición al trauma de alto riesgo (TAR), ALNS, IdS y InS fueron 24.4, 5.6, 27.1 y 4.6%, respectivamente. Todos los fenotipos tenían una correlación moderada a alta. Las influencias genéticas sobre los pensamientos autodestructivos y el TAR fueron significativas y altamente correlacionadas entre hombres y mujeres. Las influencias ambientales únicas se correlacionaron modestamente en las mujeres, lo que sugiere que los traumatismos de alto riesgo pueden conferir cierto riesgo directo de pensamientos y conductas autolesivas entre las mujeres. Las personas que llevan a cabo ALNS corren un mayor riesgo de suicidio, y los factores hereditarios comunes contribuyen a estas asociaciones. La prevención de la exposición al trauma puede ayudar a mitigar el riesgo de autolesión y suicidio, ya sea directa o indirectamente, a través de alguna reducción en la implicación hacia el desarrollo de psicopatología de manera más amplia. Además, la selección de factores de vulnerabilidad preexistentes podría reducir significativamente el riesgo de conductas potencialmente mortales entre los que han experimentado un trauma.   Fuente: Richmond-Rakerd LS et al. Psychol Med. 2018 May 6:1-10. doi: 10.1017/S0033291718001034. [Epub ahead of print] Contribución genética y exposición al trauma en las autolesiones. https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/common-genetic-contributions-to-highrisk-trauma-exposure-and-selfinjurious-thoughts-and-behaviors/9DF36ABC259BCB28BF2379541DFC7EDE  
    5292 Posted by APM NET .
  • La investigación previa ha documentado contribuciones hereditarias compartidas en la autolesión no suicida (ALNS) y la ideación suicida (IdS), así como en ALNS e intento de suicidio (InS). Además, la exposición al trauma ha estado implicada en el riesgo de ALNS y suicidio. Se necesita de estudios que puedan dar un punto de vista genético para determinar fuentes comunes de implicación en los tres tipos de pensamiento y conducta autodestructiva, con el fin de aclarar la naturaleza de sus asociaciones con las experiencias traumáticas. Este estudió procuró llevar a cabo justo esa tarea, y para ello reclutó dos cohortes de gemelos con un total de 9526 participantes. Los investigadores encontraron que las prevalencias de exposición al trauma de alto riesgo (TAR), ALNS, IdS y InS fueron 24.4, 5.6, 27.1 y 4.6%, respectivamente. Todos los fenotipos tenían una correlación moderada a alta. Las influencias genéticas sobre los pensamientos autodestructivos y el TAR fueron significativas y altamente correlacionadas entre hombres y mujeres. Las influencias ambientales únicas se correlacionaron modestamente en las mujeres, lo que sugiere que los traumatismos de alto riesgo pueden conferir cierto riesgo directo de pensamientos y conductas autolesivas entre las mujeres. Las personas que llevan a cabo ALNS corren un mayor riesgo de suicidio, y los factores hereditarios comunes contribuyen a estas asociaciones. La prevención de la exposición al trauma puede ayudar a mitigar el riesgo de autolesión y suicidio, ya sea directa o indirectamente, a través de alguna reducción en la implicación hacia el desarrollo de psicopatología de manera más amplia. Además, la selección de factores de vulnerabilidad preexistentes podría reducir significativamente el riesgo de conductas potencialmente mortales entre los que han experimentado un trauma.   Fuente: Richmond-Rakerd LS et al. Psychol Med. 2018 May 6:1-10. doi: 10.1017/S0033291718001034. [Epub ahead of print] Contribución genética y exposición al trauma en las autolesiones. https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/common-genetic-contributions-to-highrisk-trauma-exposure-and-selfinjurious-thoughts-and-behaviors/9DF36ABC259BCB28BF2379541DFC7EDE  
    Aug 28, 2018 5292
  • 04 Jun 2019
    Es bien conocido que el Trastorno Depresivo Mayor se trata de una condición crónica, recurrente y progresiva, la cual incluye un espectro sintomático amplio, con alteraciones emocionales, cognitivas y físicas. La padecen alrededor de 350 millones de personas a nivel global, y se considera que será la principal causa de carga de morbilidad para el año 2030; por si fuera poco, es una enfermedad altamente comorbidad, pues hasta un 59% de los pacientes tendrán un trastorno de ansiedad asociado, y el 24% un trastorno por consumo de sustancias. El impacto de estos números va mucho más allá de lo estrictamente clínico, pues se estima que a pesar de los 38 millones de euros que se invierten en la UE para tratarla (costos directos), 1 de cada 10 empleados a faltado al trabajo por depresión, con un promedio de 36 días de ausencia por episodio, suscitando un costo a los empleadores de 54 millones de euros (37 millones en EUA y 7,5 millones en Australia). Algunos estudios demuestran que un incremento en la productividad en el trabajo puede compensar los costos de tratamiento de la depresión en un 45-98 %. Sin embargo, solo el 50% de los pacientes deprimidos recibe tratamiento, a lo que se suma que, con las intervenciones actuales, 1 de cada 2 de estos no responde bien al mismo, por lo que, a mediano y largo plazo, van a tener una menor calidad de vida, funcionalidad y productividad, con menor probabilidad de ser contratados, generando mayor costo en cuidados médicos y programas sociales. Ante este panorama se hace necesario invertir en la concientización pública, en la capacitación médica, en mejorar el acceso a los servicios de salud, así como la inversión en intervenciones tempranas, planteando como objetivos principales la optimización de la calidad de vida y el funcionamiento de los pacientes.   American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Health Disorders. Quinta edición. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2013  
    4399 Posted by APM NET .
  • Es bien conocido que el Trastorno Depresivo Mayor se trata de una condición crónica, recurrente y progresiva, la cual incluye un espectro sintomático amplio, con alteraciones emocionales, cognitivas y físicas. La padecen alrededor de 350 millones de personas a nivel global, y se considera que será la principal causa de carga de morbilidad para el año 2030; por si fuera poco, es una enfermedad altamente comorbidad, pues hasta un 59% de los pacientes tendrán un trastorno de ansiedad asociado, y el 24% un trastorno por consumo de sustancias. El impacto de estos números va mucho más allá de lo estrictamente clínico, pues se estima que a pesar de los 38 millones de euros que se invierten en la UE para tratarla (costos directos), 1 de cada 10 empleados a faltado al trabajo por depresión, con un promedio de 36 días de ausencia por episodio, suscitando un costo a los empleadores de 54 millones de euros (37 millones en EUA y 7,5 millones en Australia). Algunos estudios demuestran que un incremento en la productividad en el trabajo puede compensar los costos de tratamiento de la depresión en un 45-98 %. Sin embargo, solo el 50% de los pacientes deprimidos recibe tratamiento, a lo que se suma que, con las intervenciones actuales, 1 de cada 2 de estos no responde bien al mismo, por lo que, a mediano y largo plazo, van a tener una menor calidad de vida, funcionalidad y productividad, con menor probabilidad de ser contratados, generando mayor costo en cuidados médicos y programas sociales. Ante este panorama se hace necesario invertir en la concientización pública, en la capacitación médica, en mejorar el acceso a los servicios de salud, así como la inversión en intervenciones tempranas, planteando como objetivos principales la optimización de la calidad de vida y el funcionamiento de los pacientes.   American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Health Disorders. Quinta edición. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2013  
    Jun 04, 2019 4399
  • 14 Apr 2018
    El síndrome de Hikikomori, es un término japonés que significa apartarse o estar recluido. Aún no está dentro de la clasificación de los trastornos mentales DSM-V debido a que como síndrome puede englobar otros trastornos como fobia social, trastorno de personalidad por evitación y puede aparecer como síntoma de otros como por ejemplo estados psicóticos de la esquizofrenia. Aún así podemos diferenciarlo de los trastornos antes mencionados, cuando se da un conjunto de aislamiento físico, miedo a las interacciones en persona, ya que sin embargo este fenómeno aún poco estudiado en Occidente, nos aporta nuevos retos al tratamiento. El hikikomori es más común en hombres, en Japón. En México aún no tenemos una estadística específica para este síndrome. Pero la persona que lo padece puede interactuar a través de las redes sociales. Por lo que no es precisamente el miedo a la interacción social lo que caracteriza al hikikomori, sino al estar de frente a un ser humano. El hikikomori puede ser muy social a través de las redes sociales, detrás de la pantalla de una computadora, pero rehuir una plática en persona. Hay diferentes grados de este síndrome, no todos están totalmente en el aislamiento. Habrá hikikomori parciales por así decirlo, o hikikomoris de fines de semana. En el tratamiento hay dos estilos al parecer. El japonés en el que se le trata al hikikomori como si padeciera alguna adicción alguna droga, y se le retira de manera involuntaria del lugar de reclusión para internarlo en alguna clínica de rehabilitación u hospital psiquiátrico. Este sistema de tratamiento recuerda al tratar a la enfermedad con la enfermedad, y no es del todo óptimo, sin embargo en casos severos puede ser la diferencia entre rescatar a una persona, en casos extremos de una muerte, ya que no es extraño los hikikomori puedan padecer otros trastornos psiquiátricos, como la depresión que los pueda llevar a hacerse daño y en casos extremos cometer suicidio. El otro tipo de tratamiento es similar al de las fobias. Intenta de una manera gradual y estructurada, el contacto con el mundo exterior, de manera que la persona no se sienta agredida y pueda cooperar durante el proceso de rehabilitación. Al parecer el estilo del tratamiento depende del caso. Pero aún los tratamientos exprés involuntarios, tendrán que llevar un seguimiento a largo plazo, para poder reintegrar de manera adecuada a la persona. Recordar que el hikikomori puede o no tener trabajo, o haber abandonado los estudios. Por lo que la meta del tratamiento también dependerá de una evaluación minuciosa del caso. La familia juega un papel importante en la rehabilitación y se convierte en el puente de enlace entre el paciente y el terapeuta o los profesionales de la salud mental que intervengan. Se han utilizado variantes de estos tratamientos incluso en algunos, con la ayuda de ex hikikomoris, se puede lograr motivar al paciente a que retome el contacto con el mundo y se rehabilite. Todavía hacen falta estudios que nos aporten datos estadísticos para poder basar los tratamientos en estrategias que se puedan replicar. Mientras no tengamos más investigación, se sugiere trabajar en equipo involucrando a la familia en el tratamiento. La misma tecnología que el hikikomori utiliza para aislarse del mundo, la computadora se puede utilizar como herramienta terapéutica en un principio, por lo que no es necesario suprimir la tecnología, sino utilizarla en favor de la rehabilitación, para que hikikomori se pueda adaptar a un mundo de tecnología sin aislarse ni recluirse.Dr. Eduardo Monteverde MaldonadoPsiquiatraCertificado por el Consejo Mexicanode Psiquiatría, A.C. [email protected]
  • El síndrome de Hikikomori, es un término japonés que significa apartarse o estar recluido. Aún no está dentro de la clasificación de los trastornos mentales DSM-V debido a que como síndrome puede englobar otros trastornos como fobia social, trastorno de personalidad por evitación y puede aparecer como síntoma de otros como por ejemplo estados psicóticos de la esquizofrenia. Aún así podemos diferenciarlo de los trastornos antes mencionados, cuando se da un conjunto de aislamiento físico, miedo a las interacciones en persona, ya que sin embargo este fenómeno aún poco estudiado en Occidente, nos aporta nuevos retos al tratamiento. El hikikomori es más común en hombres, en Japón. En México aún no tenemos una estadística específica para este síndrome. Pero la persona que lo padece puede interactuar a través de las redes sociales. Por lo que no es precisamente el miedo a la interacción social lo que caracteriza al hikikomori, sino al estar de frente a un ser humano. El hikikomori puede ser muy social a través de las redes sociales, detrás de la pantalla de una computadora, pero rehuir una plática en persona. Hay diferentes grados de este síndrome, no todos están totalmente en el aislamiento. Habrá hikikomori parciales por así decirlo, o hikikomoris de fines de semana. En el tratamiento hay dos estilos al parecer. El japonés en el que se le trata al hikikomori como si padeciera alguna adicción alguna droga, y se le retira de manera involuntaria del lugar de reclusión para internarlo en alguna clínica de rehabilitación u hospital psiquiátrico. Este sistema de tratamiento recuerda al tratar a la enfermedad con la enfermedad, y no es del todo óptimo, sin embargo en casos severos puede ser la diferencia entre rescatar a una persona, en casos extremos de una muerte, ya que no es extraño los hikikomori puedan padecer otros trastornos psiquiátricos, como la depresión que los pueda llevar a hacerse daño y en casos extremos cometer suicidio. El otro tipo de tratamiento es similar al de las fobias. Intenta de una manera gradual y estructurada, el contacto con el mundo exterior, de manera que la persona no se sienta agredida y pueda cooperar durante el proceso de rehabilitación. Al parecer el estilo del tratamiento depende del caso. Pero aún los tratamientos exprés involuntarios, tendrán que llevar un seguimiento a largo plazo, para poder reintegrar de manera adecuada a la persona. Recordar que el hikikomori puede o no tener trabajo, o haber abandonado los estudios. Por lo que la meta del tratamiento también dependerá de una evaluación minuciosa del caso. La familia juega un papel importante en la rehabilitación y se convierte en el puente de enlace entre el paciente y el terapeuta o los profesionales de la salud mental que intervengan. Se han utilizado variantes de estos tratamientos incluso en algunos, con la ayuda de ex hikikomoris, se puede lograr motivar al paciente a que retome el contacto con el mundo y se rehabilite. Todavía hacen falta estudios que nos aporten datos estadísticos para poder basar los tratamientos en estrategias que se puedan replicar. Mientras no tengamos más investigación, se sugiere trabajar en equipo involucrando a la familia en el tratamiento. La misma tecnología que el hikikomori utiliza para aislarse del mundo, la computadora se puede utilizar como herramienta terapéutica en un principio, por lo que no es necesario suprimir la tecnología, sino utilizarla en favor de la rehabilitación, para que hikikomori se pueda adaptar a un mundo de tecnología sin aislarse ni recluirse.Dr. Eduardo Monteverde MaldonadoPsiquiatraCertificado por el Consejo Mexicanode Psiquiatría, A.C. [email protected]
    Apr 14, 2018 3893
  • 27 Feb 2018
    La investigación llevada a cabo en las últimas dos décadas ha revelado que el duelo, un fenómeno común experimentado por muchas personas después de la pérdida de un ser querido, es raramente experimentada como una progresión estable de una alta intensidad a su eventual resolución. En lugar de esta forma “tradicional”, cuatro distintas trayectorias han sido descritas por datos empíricos: resiliencia, duelo cronificado, deprimido-resuelto y depresión crónica. Además, un pequeño número de personas nunca integra la pérdida a su vida, y continúa experimentando severa disfunción en su vida diaria por muchos años después del evento que genera la misma, un fenómeno conocido como “duelo complicado” (DC). La investigación empírica continua ayudará al entendimiento del proceso normal del duelo y al DC como un trastorno. Esta información es crucial para que los clínicos mejoren sus prácticas cuando se atiende a aquellos que han sufrido una pérdida.   Fuente. B.J. Arizmendi, M.-F. O’Connor / Australian Critical Care 28 (2015) 58–62 https://ac-els-cdn-com.pbidi.unam.mx:2443/S1036731415000065/1-s2.0-S1036731415000065-main.pdf?_tid=7c72ec84-c028-11e7-8703-00000aacb361&acdnat=1509666757_b818d239e21b92ac259884dced952988       ¿Quiere conocer más sobre este y optros temas de interés?   Le invitamos a conocer nuestro Cognición y Depresión en donde encontrará ponencias de temas cómo comorbilidad, tratamiento farmacológico y no farmacológico. si está inetresado en cusros similares, de clic aquí donde puede encontrar contenido gratuito y de pago.    
    3566 Posted by APM NET .
  • La investigación llevada a cabo en las últimas dos décadas ha revelado que el duelo, un fenómeno común experimentado por muchas personas después de la pérdida de un ser querido, es raramente experimentada como una progresión estable de una alta intensidad a su eventual resolución. En lugar de esta forma “tradicional”, cuatro distintas trayectorias han sido descritas por datos empíricos: resiliencia, duelo cronificado, deprimido-resuelto y depresión crónica. Además, un pequeño número de personas nunca integra la pérdida a su vida, y continúa experimentando severa disfunción en su vida diaria por muchos años después del evento que genera la misma, un fenómeno conocido como “duelo complicado” (DC). La investigación empírica continua ayudará al entendimiento del proceso normal del duelo y al DC como un trastorno. Esta información es crucial para que los clínicos mejoren sus prácticas cuando se atiende a aquellos que han sufrido una pérdida.   Fuente. B.J. Arizmendi, M.-F. O’Connor / Australian Critical Care 28 (2015) 58–62 https://ac-els-cdn-com.pbidi.unam.mx:2443/S1036731415000065/1-s2.0-S1036731415000065-main.pdf?_tid=7c72ec84-c028-11e7-8703-00000aacb361&acdnat=1509666757_b818d239e21b92ac259884dced952988       ¿Quiere conocer más sobre este y optros temas de interés?   Le invitamos a conocer nuestro Cognición y Depresión en donde encontrará ponencias de temas cómo comorbilidad, tratamiento farmacológico y no farmacológico. si está inetresado en cusros similares, de clic aquí donde puede encontrar contenido gratuito y de pago.    
    Feb 27, 2018 3566
  • 25 Feb 2019
    La Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) publicó previamente directrices de tratamiento para el trastorno bipolar en 2005, junto con comentarios internacionales y actualizaciones posteriores en 2007, 2009 y 2013. Las últimas dos actualizaciones fueron publicadas en colaboración con la International Society for Bipolar Disorders (ISBD). Las directrices de tratamiento de CANMAT e ISBD de 2018 representan avances significativos en este campo desde la publicación de la última edición completa en 2005, que incluye actualizaciones de diagnóstico y tratamiento, así como nuevas investigaciones sobre intervenciones farmacológicas y psicológicas. Estos avances se han traducido en recomendaciones claras y fáciles de usar para los tratamientos de primera, segunda y tercera línea, teniendo en cuenta los niveles de evidencia para su eficacia, el apoyo clínico basado en la experiencia y las clasificaciones consensuadas de seguridad, tolerabilidad y riesgos emergentes del cambio de tratamiento. Como novedad en estas pautas, se crearon clasificaciones jerárquicas para los manejos de primera y segunda línea recomendados para la manía aguda, la depresión aguda y el tratamiento de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I. Creada al considerar el impacto de cada tratamiento en todas las fases de la enfermedad, esta jerarquía ayudará a los médicos a tomar decisiones de tratamiento basadas en la evidencia. El litio, la quetiapina, el divalproato, la asenapina, el aripiprazol, la paliperidona, la risperidona y la cariprazina, solos o en combinación, se recomiendan como tratamientos de primera línea para la manía aguda. Las opciones de primera línea para la depresión en Trastorno Bipolar tipo I incluyen quetiapina, lurasidona más litio o divalproato, litio, lamotrigina, lurasidona, o lamotrigina como coadyuvante. Si bien los medicamentos que han demostrado ser efectivos para la fase aguda generalmente deben continuarse durante la fase de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I, existen algunas excepciones (como los antidepresivos); y los datos disponibles sugieren que la monoterapia con litio, quetiapina, divalproato, lamotrigina, asenapina y aripiprazol, o los tratamientos combinados, deben considerarse de primera línea para aquellos que inician o cambian el tratamiento durante la fase de mantenimiento. Además de abordar los problemas en el Trastorno Bipolar tipo I, estas directrices también proporcionan una visión general y recomendaciones para el tratamiento clínico del Trastorno Bipolar tipo II, así como consejos sobre poblaciones específicas, como mujeres en diversas etapas del ciclo reproductivo, niños y niñas, adolescentes y adultos mayores. También hay discusiones sobre el impacto de las comorbilidades psiquiátricas y médicas específicas, como el consumo de sustancias, la ansiedad y los trastornos metabólicos. Finalmente, se brinda una visión general de los problemas relacionados con la seguridad y el monitoreo. Los grupos de CANMAT e ISBD esperan que estas pautas se conviertan en una herramienta valiosa para los profesionales de todo el mundo.   Yatham LN et al. Bipolar Disord. 2018 Mar;20(2):97-170. doi: 10.1111/bdi.12609. Epub 2018 Mar 14. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bdi.12609
    2859 Posted by APM NET .
  • La Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) publicó previamente directrices de tratamiento para el trastorno bipolar en 2005, junto con comentarios internacionales y actualizaciones posteriores en 2007, 2009 y 2013. Las últimas dos actualizaciones fueron publicadas en colaboración con la International Society for Bipolar Disorders (ISBD). Las directrices de tratamiento de CANMAT e ISBD de 2018 representan avances significativos en este campo desde la publicación de la última edición completa en 2005, que incluye actualizaciones de diagnóstico y tratamiento, así como nuevas investigaciones sobre intervenciones farmacológicas y psicológicas. Estos avances se han traducido en recomendaciones claras y fáciles de usar para los tratamientos de primera, segunda y tercera línea, teniendo en cuenta los niveles de evidencia para su eficacia, el apoyo clínico basado en la experiencia y las clasificaciones consensuadas de seguridad, tolerabilidad y riesgos emergentes del cambio de tratamiento. Como novedad en estas pautas, se crearon clasificaciones jerárquicas para los manejos de primera y segunda línea recomendados para la manía aguda, la depresión aguda y el tratamiento de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I. Creada al considerar el impacto de cada tratamiento en todas las fases de la enfermedad, esta jerarquía ayudará a los médicos a tomar decisiones de tratamiento basadas en la evidencia. El litio, la quetiapina, el divalproato, la asenapina, el aripiprazol, la paliperidona, la risperidona y la cariprazina, solos o en combinación, se recomiendan como tratamientos de primera línea para la manía aguda. Las opciones de primera línea para la depresión en Trastorno Bipolar tipo I incluyen quetiapina, lurasidona más litio o divalproato, litio, lamotrigina, lurasidona, o lamotrigina como coadyuvante. Si bien los medicamentos que han demostrado ser efectivos para la fase aguda generalmente deben continuarse durante la fase de mantenimiento en el Trastorno Bipolar tipo I, existen algunas excepciones (como los antidepresivos); y los datos disponibles sugieren que la monoterapia con litio, quetiapina, divalproato, lamotrigina, asenapina y aripiprazol, o los tratamientos combinados, deben considerarse de primera línea para aquellos que inician o cambian el tratamiento durante la fase de mantenimiento. Además de abordar los problemas en el Trastorno Bipolar tipo I, estas directrices también proporcionan una visión general y recomendaciones para el tratamiento clínico del Trastorno Bipolar tipo II, así como consejos sobre poblaciones específicas, como mujeres en diversas etapas del ciclo reproductivo, niños y niñas, adolescentes y adultos mayores. También hay discusiones sobre el impacto de las comorbilidades psiquiátricas y médicas específicas, como el consumo de sustancias, la ansiedad y los trastornos metabólicos. Finalmente, se brinda una visión general de los problemas relacionados con la seguridad y el monitoreo. Los grupos de CANMAT e ISBD esperan que estas pautas se conviertan en una herramienta valiosa para los profesionales de todo el mundo.   Yatham LN et al. Bipolar Disord. 2018 Mar;20(2):97-170. doi: 10.1111/bdi.12609. Epub 2018 Mar 14. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bdi.12609
    Feb 25, 2019 2859